El bautista y el camino

El bautista y el camino
Madrid - Publicado el - Actualizado
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"Consolad, consolad a mi pueblo". Con este oráculo divino comienza la segunda parte del libro de Isaías (Is 40,1). A ese pueblo, que habia sido deportado a Babilonia, Dios mismo le anuncia que ya ha sufrido demasiado. Está ya próximo el retorno a sus tierras de Judá.
Entonces se oye una voz que grita: "En el desierto preparadle un camino al Señor. Allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios". Es el pueblo el que ha de regresar. Pero es urgente allanar una calzada para ese Dios que se identifica con su pueblo. Él ha vivido desterrado con su gente. Y ahora quiere regresar con los desterrados y con los hijos que les han nacido en el destierro.
Nosotros podemos id0606entificarnos con esa caravana de exiliados y repetir la invocación del salmo responsorial: "Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación" (Sal 84).
Afectados como estamos por la pandemia y el dolor, por la soledad o los abusos, confesamos que "para el Señor un día es como mil años y mil años como un día". A pesar de todo, y más allá de las falsas promesas humanas, "nosotros esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que habite la justicia" (2 Pe 3, 8-14).
LAS PROPUESTAS DEL CAMBIO
Según el evangelio que se proclama en este segundo domingo de Adviento, en el desierto aparece un profeta, vestido con una piel de camello y alimentado de saltamontes y miel silvestre. Hace suyo aquel grito del libro de Isaías, pero lo modifica: "Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos" (Mc 1, 3). Esa preparación incluía tres propuestas urgentes:
EL QUE VIENE DETRÁS
La palabras de Juan se parecen a las del mensajero que anunciaba a los exiliados el retorno a su patria. Pero hay algo nuevo en ellas. Ya no anuncia el paso de Dios con su pueblo. Anuncia la llegada de otro personaje misterioso con el que por tres veces se compara él mismo:
Señor Dios nuestro, nosotros creemos que tú eres la fuente del perdón y de la libertad. Concédenos la gracia de la conversión para que podamos preparar los caminos por los que te has de hacer presente en nuestra conciencia y en nuestra sociedad. Que el don de tu fe nos lleve a esperar con amor al que viene a liberarnos del mal. Amén.





