El Papa Francisco insta a los cristianos a "llevar la Cruz no como adorno, sino como compromiso" para prepararse para la Pascua
Simón de Cirene, que ayudó a Jesús a cargar la Cruz hasta el Gólgota, ha sido protagonista en la homilía del Papa Francisco durante la misa del Domingo de Ramos que ha presidido el cardenal Leonardo Sandri

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La figura de Simón de Cirene, la persona que ayudó a cargar con la cruz de Jesús hasta el Gólgota, donde luego sería crucificado, ha sido protagonista en la homilía del Papa Francisco durante la misa del Domingo de Ramos celebrada en la Plaza de San Pedro, y que ha presidido en su nombre el cardenal Leonardo Sandri, vicedecano del Colegio Cardenalicio.
El Pontífice ha destacado que Simón de Cirene es una figura clave del Evangelio, llamado a representar a toda la humanidad ante el misterio de la Cruz. Según el Evangelio de Lucas, Simón de Cirene fue obligado por los soldados a cargar con la Cruz de Jesús.
El texto subraya el carácter ambiguo de su acción: aunque no fue una elección voluntaria, su gesto lo colocó en el centro mismo de la Pasión. “No ayuda a Jesús por convicción, sino por obligación”, ha recalcado Francisco. Sin embargo, “la Cruz de Jesús se convierte en la Cruz de Simón”, en un gesto que lo inserta en la historia de la salvación, asevera.
El contraste entre Simón de Cirene y Pedro
El Papa ha señalado el contraste entre Simón de Cirene y el otro Simón, Pedro. Y es que mientras este último había prometido seguir al Maestro incluso hasta la muerte, terminó negándolo. En cambio, el Cireneo, sin palabras ni promesas, acompaña a Jesús en silencio, llevando el peso que otros no quisieron o no pudieron asumir. “Simón de Galilea dice, pero no hace. Simón de Cirene hace, pero no dice”, ha puntualizado Jorge Mario Bergoglio en la homilía del Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa.
Este silencio entre Jesús y el Cireneo, donde “sólo está el madero de la Cruz”, subraya el Papa, es elocuente. Hace hincapié en que no se intercambian palabras, pero el compartir del sufrimiento “los une de manera irreversible”.
El mensaje papal invita a los fieles a mirar más allá de la acción visible y preguntarse por el corazón de este hombre: “¿Sentiría rabia o piedad, tristeza o fastidio?”, plantea el obispo de Roma en su texto, sugiriendo que cada uno de nosotros puede ocupar ese mismo lugar.
“Llevar la cruz no como adorno, sino como compromiso concreto, es la mejor preparación para la Pascua”
A través de la figura del Cireneo, la homilía también llama a identificar hoy a quienes cargan con el peso de la Cruz, entre los que destaca los pobres, los que sufren, los desplazados por la guerra o los que padecen la injusticia. “¿Los reconocemos? ¿Vemos al Señor en sus rostros, desgarrados por la guerra y la miseria?”, se pregunta el Santo Padre.
En ese sentido, el mensaje del Domingo de Ramos se convierte en una llamada a la compasión activa. “La pasión de Jesús se vuelve compasión cuando tendemos la mano al que ya no puede más, cuando levantamos al que está caído, cuando abrazamos al que está desconsolado”, y añade que “llevar la Cruz no como adorno, sino como compromiso concreto, es la mejor preparación para la Pascua”.
La homilía concluye invitando a todos a vivir esta Semana Santa con una actitud nueva, dispuestos a “convertirnos en cireneos los unos para los otros”. El ejemplo de Simón, ese desconocido que terminó compartiendo la carga con Jesús, se convierte para el Sucesor de Pedro en un modelo de entrega silenciosa, de presencia que acompaña, de solidaridad que redime.