El Papa se dirige a los cardenales en su primer Consistorio Extraordinario: "Encomendamos nuestro trabajo y nuestra misión al Señor"

El Papa se refirió al amor fraterno, la escucha y la corresponsabilidad como claves del caminar eclesial en la Homilía de su primer Consistorio Extraordinario

El Papa León XIV durante la Misa del Consistorio de Cardenales

El Papa León XIV durante la Misa del Consistorio de Cardenales

Rodrigo Simón Rey

Madrid - Publicado el

4 min lectura

El Papa León XIV ha presidido la celebración de la Eucaristía durante el Consistorio Extraordinario de Cardenales, un momento que ha descrito como “de gracia” en el que se expresa la unión de los purpurados al servicio de la Iglesia. En su homilía, el Pontífice ha invitado a los asistentes a un “gran acto de amor” a Dios y a la Iglesia, pidiéndoles detenerse para orar, escuchar y reflexionar con el fin de enfocar la meta y dirigir hacia ella todos los esfuerzos.

El Santo Padre ha comenzado su intervención recordando el significado de la palabra Consistorio, que proviene del latín 'consistere', es decir, “detenerse”. Ha calificado este gesto como “muy significativo y profético” en el contexto de la sociedad frenética actual, ya que recuerda la importancia de pausar las actividades para discernir lo que el Señor pide. “No estamos aquí para promover 'agendas' —personales o grupales—, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera”, ha subrayado.

 Un discernimiento sin agendas personales  

El Papa ha advertido sobre el riesgo de “correr a ciegas o dar golpes en el aire”, como señala el apóstol Pablo, si no existe esta pausa para la reflexión conjunta. Por ello, ha insistido en la importancia de poner todos los deseos y pensamientos sobre el altar durante la Eucaristía, ofreciéndolos al Padre para recobrarlos purificados, iluminados y transformados por la gracia. Solo de esta manera, ha afirmado, se puede escuchar la voz de Dios y acogerla en el “don que somos los unos para los otros”.

Aunque ha reconocido que el Colegio Cardenalicio es “rico en muchas capacidades y dones notables”, ha matizado que no está llamado a ser, “en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe”. En esta comunidad, los dones de cada uno, ofrecidos al Señor, producen el máximo fruto según su Providencia. El amor de Dios, del que los cardenales son discípulos, es un amor “trinitario” y “relacional”, fuente de una espiritualidad de comunión que la Iglesia quiere encarnar.

 Casa y escuela de comunión  

Citando a San Juan Pablo II, ha recordado que esta espiritualidad de comunión implica una “mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado”. Este “detenerse” se convierte así en un gran acto de amor a Dios, a la Iglesia y a la humanidad, en el que los cardenales se dejan moldear por el Espíritu en la oración, el silencio y la escucha mutua.

León XIV ha remarcado que este trabajo debe vivirse con un “corazón humilde y generoso”, con la conciencia de que “es por gracia que estamos aquí y no hay nada de lo que tenemos, que no hayamos recibido como don y talento que no se debe desperdiciar”. Para ilustrar este espíritu de colaboración, ha recurrido a las enseñanzas de San León Magno, quien afirmaba que es “algo grande y muy valioso ante los ojos del Señor cuando todo el pueblo de Cristo se dedica conjuntamente a los mismos deberes”.

En palabras de San León Magno, cuando todos los órdenes colaboran “con un mismo espíritu”, entonces “se alimenta a los hambrientos, se viste a los desnudos, se visita a los enfermos, y nadie busca sus propios intereses, sino los de los demás”. Este es el espíritu deseado para el trabajo conjunto: que en el Cuerpo místico de Cristo, cada miembro coopere al bien de todos, desempeñando su ministerio bajo la guía del Espíritu y ofreciendo los frutos de su trabajo.

 Cinco panes y dos peces para el mundo  

El Papa ha señalado que esta misma asamblea cardenalicia es testimonio de la “multifacética belleza” de la Iglesia. Sin embargo, ha reconocido que, ante una “humanidad hambrienta de bien y de paz” y un mundo herido por la desigualdad, la miseria y el vacío existencial, es fácil sentirse “inadecuados y sin medios”. Ante el mandato de JesúsDenles de comer ustedes mismos”, el Pontífice ha animado a los cardenales a actuar juntos.

“No siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar”, ha admitido. “Sin embargo, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente —y en particular ayudar al Papa— a encontrar los ‘cinco panes y los dos peces’ que la Providencia nunca hace faltar”. Estos recursos, acogidos y distribuidos “enriquecidos con la bendición de Dios, la fe y el amor de todos”, servirán para que “a nadie le falte lo necesario”.

Finalmente, ha agradecido a los cardenales su servicio y la “grave y onerosa responsabilidad” que comparten con el Sucesor de Pedro. Ha concluido su homilía encomendando su trabajo al Señor con las palabras de san Agustín: “Acuérdate, Señor, de que somos polvo y que de polvo hiciste al hombre”. Y con una petición final del mismo santo, ha cerrado su intervención: “da lo que mandas y manda lo que quieras”.

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