La Iglesia mexicana busca promover la paz, ante la violencia desatada por los cárteles: "construir juntos la paz social en nuestra patria"
El narco incendia México en represalia al asesinato de 'El Mencho', el capo de uno de los cárteles más grandes y peligrosos: el Cártel jalisco nueva Generación

El asesinato de 'El Mencho' en un operativo del ejército desencadena una feroz y violentísima respuesta del Cártel que dirigía
Madrid - Publicado el - Actualizado
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En México hay dos mapas a tener en cuenta, no vale con saberse los estados, las capitales y los accidentes geográficos, también hay que saber el mapa de los cárteles, estados dentro del estado, milicias armadas hasta los dientes que cuando no tienen compradas a las autoridades estatales, son capaces de hacerles frente y de superarles en número, en infraestructura y en potencia de fuego. Hace ya 20 años desde que México declarara la guerra al narco, una guerra que ha dejado cifras espeluznantes, con 250 mil asesinatos y hasta un millón de desplazamientos forzosos.
El Cártel de Sinaloa es el gran cártel de México, pero en el año 2010, una escisión interna les generó otro competidor en la lucha por territorio. Se trata del Cártel Jalisco Nueva Generación, con sede en el estado de Jalisco, pero con presencia en prácticamente todo el país. Sumaron a la ecuación una dosis aun más alta de violencia, otro grupo militarizado, otro ejército con el que lidiar para el Estado Mexicano y otra amenaza para el resto de cárteles. Se crea así una situación insoportable, la violencia crece sin parar, primero entre el Estado, tratando de frenar, con escasos resultados y con recursos limitados, a los cárteles; y por otro lado la violencia entre los propios cárteles que se desata con más o menos virulencia según las zonas de disputa.
La guerra contra el narco ejercida por el Gobierno mexicano ha tenido apoyo desde Estados Unidos, el país donde estas organizaciones venden la droga que producen, el país de donde reciben la mayor parte de sus ingentes ingresos. Todos los cárteles están considerados grupo terrorista extranjero, una designación que permite a la administración estadounidense, atacar objetivos en territorio foráneo sin tener el permiso del congreso. Algo así es lo que ocurrió el pasado sábado.
Las fuerzas especiales del Ejército Mexicano, junto a la Fuerza Aérea y el apoyo de la DEA, la agencia antidroga de Estados Unidos, irrumpieron en las colinas a las afueras de Tapalpa, una localidad de Jalisco. La operación fue perfecta, sorprendió al narcotraficante, que fue abatido y a varios de sus hombres de confianza, que o bien cayeron ante las armas gubernamentales o fueron detenidos. El cártel quedaba descabezado, pero no vencido, desde el momento en el que se supo lo que había ocurrido, una oleada de violencia estalló en el estado de Jalisco, desde Guadalajara, la ciudad más poblada de la región , a Puerto Vallarta, localidad a orillas del Pacífico donde las columnas de humo, los tiroteos y los helicópteros han sustituido el sonido habitual de las olas sobre los complejos turísticos.
Ante esta situación, la Iglesia se convierte en refugio y en fuente de paz. Fue viral la reacción de sacerdotes diocesanos subiendo a las azoteas de sus iglesias con la Custodia de Cristo, rezando y pidiendo por la paz en su pueblo. En la misma línea fue la reacción del arzobispo de Guadalajara, el cardenal Francisco Robles Ortega y la del Arzobispo primado de México, el de la capital Ciudad de México, el también cardenal Carlos Aguiar Retes. Ambos quisieron señalar que: "Con plena confianza en el Señor Jesús, hacemos un llamado a construir juntos la paz social en nuestra patria. Como Iglesia residente en México, nos comprometemos a promover la paz en todas las áreas de nuestra nación."





