José Manuel Moreno, pediatra, sobre el uso de pantallas en los niños: "En algunos hay que recurrir a los servicios de salud mental para conseguir desconectar o frenar esto que sería casi una adicción"
El codirector del Departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra analiza en 'Ecclesia al día' cómo impacta en los menores el uso descontrolado de móviles y tabletas

Niños con el móvil
Madrid - Publicado el
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En España, alrededor del 70% de los menores de entre 10 y 15 años ya disponen de un teléfono móvil propio. En secundaria, el porcentaje es todavía mayor y el tiempo de exposición supera, de media, las tres horas diarias frente a las pantallas, una cifra que aumenta en el fin de semana.
Este uso excesivo afecta directamente a su rendimiento escolar, tal y como alertan los pediatras, quienes han observado una clara disminución en la concentración, la memoria y la capacidad de esfuerzo de los alumnos. Muchos se muestran más distraídos en clase y presentan una menor tolerancia a las tareas que exigen una atención sostenida.
Menos horas de sueño y de peor calidad
Uno de los efectos más directos del abuso de las pantallas es la alteración del sueño. José Manuel Moreno, codirector del departamento de pediatría de la Clínica Universidad de Navarra, subraya que, aunque influye en cualquier etapa, "cuanto más temprano es el uso, peores son las consecuencias". El doctor recuerda las horas de descanso recomendadas: de 10 a 12 horas diarias para un niño en edad escolar y un mínimo de 8 horas para los adolescentes. Estas cifras, sin embargo, raramente se alcanzan cuando hay un dispositivo electrónico de por medio antes de dormir.
El sueño necesita un período de preparación que implica "ir desconectando cosas, ir bajando la luz, bajando el ruido", explica el pediatra. Sin embargo, una pantalla es todo lo contrario: luz intensa y mucha actividad. Esta "tensión constante" dificulta que el cerebro del niño pueda relajarse y conciliar el sueño de forma natural, lo que deriva en cansancio, falta de participación en el colegio y peores resultados académicos.

Niña con el móvil
Una adicción que requiere ayuda profesional
Las consultas pediátricas son un termómetro de esta realidad. El doctor Moreno confirma que cada vez es más frecuente atender a padres preocupados por la relación de sus hijos con la tecnología. En los adolescentes, los síntomas de la adicción son evidentes: "un chico que no es capaz de saber cuándo parar, que duerme poco, que rinde poco, que está enfadado constantemente, que apenas sale y cuyas conexiones con los demás son a través de las pantallas".
La situación llega a ser tan grave que, en determinados casos, el problema transciende el ámbito familiar y educativo. "En algunos, es verdaderamente patológico, y hay que recurrir a los servicios de salud mental para conseguir desconectar o frenar esto que sería casi una adicción", afirma el especialista. Esta advertencia pone de manifiesto que el uso descontrolado de la tecnología puede convertirse en un problema de salud mental que necesita intervención profesional.

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Poner límites: la clave para revertir la situación
Ante los padres que se sienten sobrepasados y creen haber "tirado la toalla", el mensaje del doctor Moreno es de esperanza, pero también de firmeza. Aunque reconoce que "es más fácil decir que no y retrasar esa conexión que recortar", insiste en que revertir la situación es posible. Es fundamental rechazar la idea de que "no podemos hacer nada", una actitud que, según él, "hay que evitar".
La estrategia pasa por establecer normas claras y coherentes. El pediatra recomienda, por ejemplo, que ningún niño o niña por debajo de los 14 o 15 años debería tener un dispositivo personal en su habitación. Si por alguna razón lo tiene, este debe permanecer en zonas comunes de la casa fuera de las horas de uso. Además, aboga por un uso "acompañado, siempre con un límite, siempre con un objetivo", en contraposición a la navegación sin rumbo que fomenta la adicción.
Frente a las pantallas, el juego tradicional se erige como un pilar "imprescindible para el desarrollo normal de un niño". El doctor Moreno recuerda que actividades tan básicas como jugar en la calle o con juegos de mesa enseñan a "compartir, a jugar en común, a repartir, a construir juntos". Si un niño no vive esa etapa, concluye, "las habilidades sociales, la expresividad, la capacidad de hablar, de leer y de entenderse se van a ver muy mermadas".

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El impacto de las pantallas no se limita al rendimiento académico o al sueño, sino que forma parte de un círculo vicioso de hábitos poco saludables. El especialista lo resume de forma directa: "el mayor consumo de pantallas con peor alimentación". Este patrón se asocia también con más sedentarismo y menos actividad física, lo que contribuye a una "pérdida de bienestar" general en la infancia y la adolescencia.
El acto de comer frente a una pantalla es un claro ejemplo de esta desconexión. "Cuando comes enfrente de una pantalla, no eres consciente de lo que comes ni de cuánto ni a qué velocidad", señala Moreno. Por ello, el experto hace un llamamiento a "recuperar ese sentido de apreciar lo que estamos haciendo" y a poner los cinco sentidos en cada actividad, ya sea comer en familia o jugar. Solo así, defiende, se puede garantizar un desarrollo físico y emocional saludable desde las primeras etapas de la vida.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.





