Elche, un referente mundial en la elaboración de las palmas del Domingo de Ramos: "Enviamos al Vaticano y también a Austria, pero sobre todo a España"

La artesana Ana Mora desvela en 'Ecclesia al día' en TRECE los secretos de la palma blanca, una tradición ancestral que combina fe, arte y un laborioso proceso que dura más de seis meses

Palmas blancas de Elche

Palmas blancas de Elche

Álvaro Fedriani

Madrid - Publicado el

4 min lectura10:06 min escucha

Cada Domingo de Ramos, las calles se llenan de un elemento que une fe, tradición y arte: la palma rizada. Detrás de cada una de estas piezas de artesanía, especialmente las famosas que provienen de Elche, hay un trabajo minucioso que se extiende durante meses. Ana Mora, propietaria de Palma Blanca, es una de las guardianas de este oficio ancestral, un legado que, como explica, se transmite principalmente entre familias y que define como "una forma de vida".

Un proceso de seis meses

El viaje de la palma blanca comienza mucho antes de la Semana Santa. Según Mora, "lo que es la palma se empieza a rizar en septiembre, que es cuando ya se corta la palma blanca". Este es el punto de partida de un proceso artesanal que requiere paciencia y un conocimiento muy específico para que las hojas lleguen en perfecto estado al día de la procesión. Una vez cortadas, las palmas no pueden ser trabajadas de inmediato.

Primero, deben pasar por un tratamiento de limpieza y blanqueamiento. "Primero se lava y después se trata con azufre", detalla la artesana. Las palmas se sumergen en agua con cloro para limpiarlas a fondo y, posteriormente, se someten a un proceso con azufre. Este paso es crucial, ya que "tiene que pasar un tiempo para que la palma quede blanqueada y ya podamos nosotros trabajarla". Solo después de este curado, las hojas están listas para ser trenzadas.

Elche vuelve a llevar sus palmas blancas de Alicante hasta el Vaticano

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Un oficio de tradición familiar

El arte de trenzar la palma es un saber que históricamente ha pasado de padres a hijos. Ana Mora confirma que el relevo generacional sigue siendo fundamentalmente familiar. "La cantera realmente es la misma familia, por lo menos mi hijo ahora está empezando", comenta. Esta transmisión directa es casi una necesidad, ya que es un oficio que exige una dedicación absoluta, especialmente en temporada alta, cuando se trabaja "de lunes a domingo, todos los días".

Esta intensidad convierte el trabajo en mucho más que una profesión: "Al final eso es una forma de vida, no es solamente un un trabajo". No obstante, en los últimos años han surgido iniciativas para abrir este conocimiento al público. "Actualmente hay muchos cursos de palma que la gente puede apuntarse y les enseñan, y sacan, de hecho, unas formas preciosas", explica Mora. Estos cursos han permitido enriquecer visualmente las procesiones, aumentando la cantidad de palmas elaboradas.

Gracias a estos nuevos aprendices, ahora se ven más diseños complejos, como los que usan la técnica de palmeta partida. Se trata de un trabajo "muy laborioso" que las casas de palma tradicionales no siempre pueden asumir, ya que su prioridad es "abastecer de otro tipo de palma para todas las cofradías, hermandades, parroquias". La aportación de los alumnos de los cursos ha hecho que las procesiones sean, en palabras de la experta, mucho más bonitas que antes.

De Elche al Vaticano

La fama de la palma blanca de Elche trasciende fronteras. Aunque el principal mercado es el nacional, con una fuerte presencia en Andalucía, las creaciones de Ana Mora llegan a toda España. Además, tienen un destacado alcance internacional. "Enviamos al Vaticano, también a Austria a unas comunidades que hay allí también”, confirma. De este modo, las palmas que se bendicen en la Santa Sede durante el Domingo de Ramos tienen su origen en este rincón del Mediterráneo.

Más allá de las palmas que portan los fieles, también existen creaciones destinadas a la ornamentación. "Esas son las palmas decorativas, hay muchos tronos que van decorados con esa flor de palma, con estrellas", describe Mora. Esta tradición también se extiende a los balcones, sobre todo en ciudades como Sevilla, donde las cofradías adornan el recorrido de sus pasos con palmas, creando una estampa única al paso de las imágenes.

Palma rizada Elche

Palma rizada Elche

Entre todas las creaciones, algunas guardan un significado especial para la artesana. Recuerda con especial cariño "una cruz de palma que hicimos para Málaga, que fue una cruz gigante" para un pregón. Sin embargo, su mayor orgullo está ligado a su propia fe y devoción. "Yo soy hermana de la Macarena", confiesa, "entonces, para mí la palma de la Macarena, la del año pasado me encantó cómo se nos quedó, y este año estamos acabando la que va a llevar la Macarena este año".

El sentimiento que le produce este encargo tan especial es evidente. Para ella, es "un orgullo que que pueda estar mi palma ahí". Esta conexión personal entre la artesana y el destino de su obra es el reflejo de un oficio que, lejos de ser una simple producción en serie, está impregnado de historia, dedicación y sentimiento, elementos que se trenzan en cada hoja de palma que sale de su taller.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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