El Cardenal Pizzaballa interrumpido por las sirenas antiaéreas en su Misa por la Solemnidad de la Anunciación en Nazaret

En la tradicional misa que celebra cada año en Nazaret el Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzabala, las sirenas para avisar a la población de los ataques iraníes, interrumpieron la homilía del cardenal italiano

Pierbattista Pizzaballa en la solemnidad de la anunciación

Pierbattista Pizzaballa en la Solemnidad de la anunciación

Rodrigo Simón Rey

Madrid - Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Estaba el Cardenal y Patriarca Latino de Jerusalén, el italiano Pierbattista Pizzaballa, presidiendo la celebración de la Solemnidad de la Anunciación del Señor, ni más ni menos que en la Basílica homónima de Nazaret. Sin duda, un momento especial en la localidad de Tierra Santa donde Jesús creció y vivió. Nazaret se sitúa en lo que hoy es Israel, pero es una ciudad que mantiene una mayoría de ciudadanos palestinos, de etnia árabe. Allí sobreviven, pese al hostigamiento, un 30% de cristianos, que se niegan a abandonar una localidad con tanto significado y tan estrechamente ligada a su fe.

Una homilía entre las bombas

En esa Basílica que, según la tradición católica, marca el lugar donde el arcángel San Gabriel se le apareció a la Virgen María, para anunciarle la llegada de Cristo, sonaron las sirenas que simbolizan la dureza del momento actual para la población de Tierra Santa. Es la enésima guerra que se vive en este suelo sagrado y tiene muy pocas probabilidades de ser la última. El gesto de resignación de Pizzaballa, al escuchar las sirenas, abriendo los brazos y exclamando una expresión de hastío, mientras que alzaba los ojos, es muy revelador de la situación en la que se ven obligados a vivir.

El propio Cardenal acababa de hacer una comparación entre el difícil contexto en el que vivía la Virgen María en Nazaret, con las complicadas circunstancias que se viven ahora: "Estamos acostumbrados a vivir situaciones complicadas en esta tierra, ya desde entonces hasta hoy", decía Pizzaballa, apenas unos segundos antes de ser interrumpido por las sirenas que anuncian un nuevo bombardeo sobre sus cabezas. La reacción, aunque cargada de hartazgo, fue también calmada, ni él, ni ninguno de los feligreses corrió a esconderse, ni entró en pánico. Todos se quedaron donde estaban, esperando a ver si remitía el fatídico sonido, el traductor al árabe, de hecho, completó su traducción de lo que había dicho Pizzaballa, sin inmutarse. Efectivamente, así fue e inmediatamente, como si nada hubiera pasado, Pizzaballa reanudó su Homilía: "¿Por dónde iba? Ah sí, decía que Nazaret no se menciona en la Biblia, hasta entonces, por lo que Dios entra en un lugar desconocido...", seguía impasible el Patriarca Latino de Jerusalén, que completaba su homilía entre el rugido de aeronaves, de drones y de misiles defensivos y ofensivos que sobrevolaban la Basílica.

La supervivencia es mantener la normalidad

La secuencia es estremecedora, pone de manifiesto la costumbre que ha desarrollado una sociedad entera a la guerra, a la violencia, a la posibilidad de que un misil le asesine en cualquier momento. Muestra a una sociedad que no se rinde ante las adversidades, que no deja que las violentas aspiraciones, que la codicia de otros, que la falta de escrúpulos de los dirigentes que juegan con sus vidas inocentes, les roben su vida, una vida que viven con toda la normalidad que pueden, con una relativa calma ante el estruendo de la guerra, hoy simbolizado en unas simples sirenas, mañana, quizá, en una gran explosión en la calle de al lado.

Los cristianos árabes, conviven en un régimen multiétnico, sometidos a un sistema que les discrimina por no ser judíos, condenados a ser una minoría frente a los musulmanes y a vivir hostigados por los colonos israelíes, ansiosos por completar su inhumano programa nacionalista, que busca una limpieza étnica de la Tierra que entienden que les fue prometida hace 5000 años. Este año, las restricciones gubernamentales de Israel, han cerrado el Santo Sepulcro, uno de los lugares más sagrados para los cristianos. Un lugar que lleva abierto más de 9 siglos, este año, será el primero en el que los que comparten la fe en Jesucristo, no podrán peregrinar allí donde ocurrió el Santo Misterio de la Resurrección, en plena Semana Santa. Una circunstancia inédita, que ya denunció el propio Pierbattista Pizzaballa.

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