Una Santa de Reus

Una Santa de Reus

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

2 min lectura

Mons. Jaume Pujol Cuando se va terminando el año jubilar convocado por el Papa Francisco, pienso que podemos meditar sobre la misericordia con un ejemplo de vida muy próximo: la reusense Santa María Rosa Molas (1815-1876), fundadora de la orden de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, beatificada por Pablo VI en 1977 y canonizada por Juan Pablo II en 1988. El Papa Montini la llamó "maestra en humanidad" y el Papa Wojtyla destacó su entrega a la oración, que a menudo prolongaba por la noche.

as vidas de los santos no son sólo para admirar y enmarcar, sino para imitar. En este caso podemos pensar en una niña, hija de padres cristianos, que jugó en las calles de Reus y se educó en sus colegios. Desde joven sintió una llamada a cuidar de los enfermos, para lo cual ingresó en la Comunidad del Hospital de Sant Joan y en la Casa de la Caridad.

Se empleó en sus cuidados hospitalarios en medio de una situación política difícil, incluso de guerra, como cuando el general Martín Zurbano bombardeó Reus. En aquella ocasión, María Rosa Molas hizo algo heroico: con otras dos hermanas cruzó la línea de fuego y fue al encuentro del general para solicitarle que dejara de atacar la ciudad, petición que fue atendida.

El heroísmo de la Madre Molas no se manifestó, sin embargo, sólo en este hecho extraordinario, sino en la cotidianidad de su servicio a los necesitados, sobre todo a los enfermos, para lo cual también fundó un Lazareto en Tortosa.

Con todo, su proyección universal vino de la mano de la fundación de la orden religiosa que lleva el nombre de Nuestra Señora de la Consolación, extendida hoy por todo el mundo, desde Eslovaquia a Filipinas, desde Brasil a Burkina Faso. Con su ejemplo enseñó a sus monjas que la ternura no está reñida con la firmeza. Fue combativa por las causas justas, como cuando se enfrentó a leyes anticlericales o a un médico que pretendía experimentar tratamientos, como si fueran conejillos de indias, con niños expósitos, abandonados por sus padres y llevados a instituciones benéficas.

La ternura la manifestaba con quienes más la precisaban: los enfermos. Es una lección para todos nosotros. El hecho de visitar a enfermos o acompañarles al médico son obras de misericordia excelentes que deben tener prioridad en nuestra vida. Quien dice que no tiene tiempo es que le falta el amor verdadero, un amor del que la Madre Molas fue un ejemplo.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Tracking