"YO SOY EL QUE VIVE"
Publicado el - Actualizado
2 min lectura
Mons. Bernardo Álvarez Queridos hermanos:
Para vivir la Semana Santa con mayor sinceridad y provecho espiritual, desde el miércoles de Ceniza y a lo largo de toda la Cuaresma, con el deseo de nuestra renovación personal y comunitaria, nos venimos preparando mediante la oración, los ejercicios de penitencia y las obras de caridad.
Son, también, días para descansar junto al Señor, que nos dice: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo los aliviaré" (Mt. 11,28). Son días propicios para volver a despertar en nosotros un deseo más intenso de unirnos a Cristo y seguirle viviendo con fidelidad su mensaje, conscientes de que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros. Son días para la contemplación del Amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, "entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación" (Rom 4, 25).
Lamentablemente, a veces, se percibe en la Semana Santa una especie de paralelismo celebrativo, que limita las posibilidades de un verdadero y fructífero encuentro con Cristo. Como si fueran cosas diferentes aparecen, por un lado, las celebraciones litúrgicas en los templos, y por otro, los ejercicios específicos de piedad popular, sobre todo las procesiones. Esta diferencia se debería orientar a una correcta armonización entre las celebraciones litúrgicas y los ejercicios de piedad. El amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad, tradicionalmente estimadas por el pueblo, deben llevar necesariamente a valorar y participar en las acciones litúrgicas que, sin duda, también se enriquecen por los actos de piedad popular.
A propósito de esto, en 2011, el arzobispo de Sevilla, en su mensaje para la Semana Santa de aquel año, decía estas palabras que también iluminan nuestra situación:
Es lo que, con mi bendición, les deseo de todo corazón.
? Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense





