¿Qué es la eutanasia? (Eutanasia VI)

¿Qué es la eutanasia? (Eutanasia VI)

Agencia SIC

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Se suele distinguir entre eu­tanasia activa y pasiva. La primera es la que produ­ce la muerte del enfermo mediante una acción y la pasiva mediante la omisión de una acción. La primera no es más euta­nasia que la segunda porque ambas provocan voluntariamente la muerte del paciente. Ambas son igualmente eutanasia, o sea, homicidio, y ambas merecen la misma calificación ética.

Tanto la eutanasia como el suici­dio asistido son éticamente inacep­tables porque se elige un mal: la muerte del paciente; que, como tal, siempre es un bien en sí mismo. Para afrontar el sufrimiento siempre se pueden elegir otros medios.

La ilicitud de la eutanasia y del suicidio asistido no solo radica en que causa la muerte del enfermo, sino por la decisión mala de quien la realiza o colabora en su realización.

Por otra parte, la admisión de la eutanasia y del suicidio asistido para casos extremos abre la puerta a que se aplique a situaciones cada vez me­nos extremas.

Se sabe que la eutanasia y el sui­cidio asistido, pensados inicialmente para casos dramáticos, terminan ex­pandiéndose y aplicándose a casos mucho menos graves, tanto a nivel legal como práctico.

La aprobación legal de la eutana­sia mina la relación de los profesio­nales de la salud con el paciente y grava la conciencia del enfermo, que puede llegar a pensar que su exis­tencia es una carga excesiva para los demás

El caso de Holanda puede ser tí­pico de lo que es la legalización de la eutanasia y la aplicación posterior.

En Holanda se legalizó en 2002. Con estas condiciones:

Luego se ha aplicado por proble­mas psicológicos y no físicos, por razones de infelicidad senil, por no tener ganas de vivir.

Se han dado casos de eutanasia no voluntaria, sin que la solicitara el interesado y por iniciativa del médi­co.

En los países en los que está lega­lizada la eutanasia, al final su prácti­ca se ha ampliado también, por ley, a menores o personas mentalmente incapaces.

La fe ayu­da a en­contrar sentido a la vida y, de modo particular, al sufrimiento

La pregunta por el sentido de la vida recibe una respuesta profun­da y plena en el misterio de Cristo muerto y resucitado. La enferme­dad puede ser un momento válido para creyentes y no creyentes para preguntarse y reflexionar sobre la vida, para poder adentrarse en su sentido.

La doctrina de la Iglesia sobre el sufrimiento y la muerte es que debe­mos tratar de imitar a Jesucristo, po­cas palabras respecto al dolor. Jesús no teorizó sobre el dolor y el sufri­miento; amó y consoló a los que su­fren y Él mismo sufrió hasta la muer­te de cruz.

La Iglesia no elabora teorías sobre el dolor y el sufrimiento, pero quiere aportar a la humanidad una voca­ción de donación preferente hacia los que sufren, acompañándolos y soste­niéndolos en el camino y también la experiencia que Cristo nos comunica con su muerte y resurrección.

El sacramento de la unción de enfermos otorga a los cristianos un don particular del Espíritu San­to mediante el cual reciben una gracia de fortaleza, de paz, consuelo y esperanza para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad y de fragilidad de la vejez.

La actitud del cristiano ante la muerte es de esperanza confiada en el Señor, con el que se va a encontrar, con el Señor de la vida. Aunque la naturaleza humana se resista a pasar por este último paso en la tierra, sin embargo, para el creyente la muerte no es el final, sino el paso a la plena vida y definitiva. La muerte se denominaba dies na­talis, el día en que se nace a la vida eterna, el nacimiento definitivo a la vida eterna.

La eutanasia y el suicidio asistido, no son cuestio­nes religiosas, sino que constituyen un drama huma­no, con hondas raíces antropológicas y con amplias repercusiones en el ámbito familiar, social, político y sanitario.

Ciertamente, porque afecta a la vida humana, tiene una innegable repercusión en el ámbito religioso, pero pertenece fundamentalmente a la concepción actual acerca del ser humano, de su libertad y su destino.

Constituyen una ofensa contra el ser humano y por lo mismo, contra Dios que ama a toda persona y es ofendi­do con todo lo que ofende al ser humano y esa es la razón por la que Dios puso como uno de los mandamientos "no matarás".

+ Gerardo Melgar

Ciudad Real

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