Ponerse en camino

Ponerse en camino
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Mons. Jesús García Burillo Queridos abulenses:
En mi carta anterior sobre la Visita ad Limina, que realizaremos los obispos españoles al Papa Francisco, os anunciaba la alegría por la visita y os enunciaba los aspectos esenciales y el sentido de este acontecimiento. En esta ocasión quisiera reflexionar brevemente sobre el movimiento de comunión y la preparación que esta Visita implica.
En un mundo globalizado, pero muy frecuentemente y por muchas causas dividido, la Iglesia se redescubre continuamente como signo de unidad, como "signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano" (LG, 1). Por esta razón parece "indispensable promover y favorecer una continua comunión entre Iglesias particulares y la Sede Apostólica con un intercambio de informaciones y una real comunicación de solicitudes pastorales acerca de problemas, experiencias, sufrimientos, orientaciones y proyectos de trabajo y de vida" (Directorio para la visita ad límina, Premisas, IV).
Este movimiento de comunión eclesial es doble: de las Iglesias particulares a la Iglesia a Roma y viceversa. Por una parte está la convergencia en el centro visible de la unidad, es decir en Roma, del compromiso y la responsabilidad de cada Obispo, con espíritu de colegialidad; y por otra parte está el servicio de comunión "concedido singularmente a Pedro" (LG, 20), es decir, el que el Papa nos otorga a las iglesias particulares. Evidentemente, para que el Papa pueda cumplir este servicio, necesita la información concreta sobre la situación de cada Iglesia particular y la insustituible relación personal con cada Obispo.
Para entenderlo mejor, pensemos en la visita que el apóstol Pablo cursa a Pedro y su permanencia de quince días con él en Jerusalén, tal como nos lo cuenta el mismo Pablo en la carta a los Gálatas (1,18) y también el libro de los Hechos de los Apóstoles (9,26-29); revela el sentido y el modelo de la visita al Papa. Éste fue un encuentro humano, en el que Pablo quiere presentarse a Pedro, una vez que ha renunciado a perseguir a los cristianos y ha sido bautizado en Damasco. Pablo desea presentarse a la cabeza visible de la Iglesia naciente y expresarle sus sentimientos de comunión. Este mismo gesto de comunión Pablo lo repite catorce años después, subiendo a Jerusalén junto a Bernabé y Tito (Gál 2, 1-2), para dar cuenta de la misión que ha realizado y para sentirse seguro respecto a los pasos que iba dando en la evangelización del mundo pagano. De este modo, "el estar siempre en camino hacia la unidad y la expresión local y personal de la unidad conservan todo su valor en la Iglesia del nuevo Testamento" (Directorio, Nota teológica, 2). Estos mismos sentimientos de fraternidad, de comunión y de sumisión jerárquica son los que alientan la visita de los obispos al Papa.
En cuanto a la preparación de la Visita, existen dos tiempos: una preparación remota y otra inmediata.
Los momentos de la preparación remota son, básicamente, tres: Uno: una preparación espiritual, un tiempo de reflexión y de oración para interiorizar los sentimientos de comunión. Dos: elaboración de la relación quinquenal sobre el estado de la iglesia particular que le ha sido confiada, y también de la relación con las otras comunidades religiosas (cristianas o no), con la sociedad civil y sus autoridades. Tres: la colaboración del Representante Pontificio, es decir, del Nuncio Apostólico en la visita.
A la preparación próxima conciernen los acuerdos previos con la oficina competente de la Congregación para los Obispos, para establecer las fechas y los detalles de la Visita. Como norma general se fija la misma fecha para los Obispos de una misma Provincia Eclesiástica, en nuestro caso, la Provincia Eclesiástica de Valladolid.
Como veis, queridos amigos, este encuentro entre los Obispos y el Papa es un encuentro entre personas y entre iglesias; y, sobre todo, es una experiencia actual y confesante de la fe y la vida entre nuestra Iglesia local de Ávila y la Iglesia universal. Os recomiendo encarecidamente que la preparemos todos con la oración y con sentimientos de comunión con el Papa y con toda la Iglesia católica.
Os saludo a todos con afecto.
+ Jesús García Burillo
Obispo de Ávila





