
Madrid - Publicado el
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La defensa de la Fe requiere sufrimientos, cuando no el martirio en muchas ocasiones. Terminada la Octava de Pascua, nos adentramos en lo que serán los días menores de la Pascua, que discurren hasta Pentecostés. El Santoral nos presenta al Papa San Martín I, que sufrió mucho por su defensa de la Verdad.
Nacido en Tori (Umbría), siendo miembro de la Clerecía Romana, fue elegido Pontífice de la Iglesia Universal el año 649. Durante el Papado, tuvo que condenar la herejía monotelista, que negaba la existencia de dos voluntades en Cristo: la Divina y la humana. El III Concilio de Constantinopla hubo de condenar el monotelismo.
Ya San Pablo poco antes de ser sacrificado por el Señor Jesús vaticinó un elenco de desviaciones doctrinales que serán esparcidas en el seno de la propia Comunidad Eclesial como así pasó. La trayectoria del Papa San Martín vino marcada también por el destierro sufrido que le decretó el Emperador Constante.
Pero el suplicio no quedó ahí porque el Gobernante enfadado por la condena del Concilio ordenó que fuese encadenado y se le pasease de esta forma por los pueblos a la espera de un juicio, siendo también azotado. El veredicto iba a ser de condena a muerte. Pero alguien intercedió en su favor lo que llevó a ser deportado a Crimea.
Desde allí escribió cartas contando su soledad y el abandono que había experimentado por parte de muchos de sus fieles. Muchos fueron, por lo tanto, los sufrimientos del Papa San Martín I muriendo en el año 656.





