El testimonio de fe de Justin Bieber: "Confío en que Dios tiene el control y me ama por quién soy"

El artista ha triunfado en el Coachella en su vuelta a los escenarios tras su viaje de superación y de fe que ya compartió con su público en el Justice Tour de 2022, última vez que Bieber cantó para un gran público

justice tour

justice tour

Redacción Religión

Publicado el

4 min lectura

Justin Bieber nació en el año 94 y, con apenas 12 años se vio arrojado a una fama que, ni él, ni su joven madre, supieron gestionar. Unos vídeos de youtube con versiones de canciones de otros artistas que subía Pattie Mallette, madre del chico, llamaron la atención de las grandes productoras musicales que hicieron de su apariencia de niño bueno y de su aguda voz de prepúber todo un producto comercial que conquistó a las masas.

De repente, un simple niño veía su vida patas arriba, viviendo circunstancias que no puede soportar un chico que ni siquiera ha cumplido los 15. Le pasó factura y de qué forma. Es tristemente habitual que los fenómenos infantiles acaben teniendo juventudes tormentosas que derivan en vidas absolutamente trágicas. Podría haber sido el caso de Bieber, cuando su voz angelical empezó a cambiar, se rapó el famoso pelo "a lo casco" (o a lo Justin como se le conocía en la época) que le catapultó a la fama y adoptó una pose de chico malo, más gamberra, que no se entendió del todo. Siguió triunfando, el niño bueno se había convertido en un joven apuesto que seguía teniendo el favor de un amplio público, especialmente femenino, pero su vida privada comenzó a caer al vacío

Se descubrieron ciertos problemas con las sustancias, tuvo muchas y muy agrias polémicas con la prensa rosa, con sus amoríos y con su conducta errática. Su carrera meteórica no se había estropeado por haber perdido la inocencia infantil que moldea y condena, a largo plazo con su desaparición, a tantas estrellas infantiles. Bieber fue una excepción, supo mantenerse gracias a que su talento musical iba mucho más allá que una cara y una voz bonita. Hizo canciones que convencieron, no solo a su público fiel, sino también a sus detractores más feroces, consiguió lo que cualquier artista de su gremio aspira a conseguir, el respeto de la gente, que dejó de identificarlo con un producto de marketing y empezó a verlo como un músico talentoso.

Justin, mientras coleccionaba éxitos musicales, hacía acopio de controversias, agravios, consumo de drogas, delitos y arrestos consiguientemente. Parecía que tras años de vender su imagen de niño bueno Bieber se había cansado y se había pasado al otro extremo, otra circunstancia habitual en los jóvenes que han vivido infancias restrictivas y bajo una disciplina tan dura como la que conlleva la fama y, de repente, se ven liberados de esa carga y encima siendo millonario. La presión fue tan grande que terminó explotando a sus 22 años, por presión psicológica. En 2016 el cantante canadiense canceló los encuentros con fans post concierto, al año siguiente paralizó toda su proyección musical pública, no lanzó ningún album, ni realizó gira alguna, hasta el año 2020.

Fueron años de redención y de refugiarse en su profunda fe cristiana inculcada por su madre y que siempre ha sido un refugio seguro en los momentos más oscuros de la vida del cantante. Bieber no ha dudado en pronunciarse sobre su fe siempre que ha tenido ocasión, manifestando su opinión sobre las relaciones sexuales "solo con la persona a la que se ama de verdad", manifestando su postura contraria al aborto, un tema que le toca de cerca, puesto que su madre pensó en interrumpir su embarazo cuando gestó a Justin a sus 18 años. Todo ello moldeó a un Justin Bieber maduro, consciente de sus problemas, reconciliado consigo mismo y que se presentó ante su público con una nueva imagen y con una reflexión con la que introducía los conciertos de su gira de regreso Justice Tour:

"La vida es complicada, impredecible, temible, difícil. Pero también es maravillosa, preciosa, excitante y emocionante. A veces puede ser difícil, difícil de ver las maravillas y lo bonito que está a mi alrededor, porque estoy demasiado cegado por el problema al que me enfrento. A veces me nubla el miedo y la vergüenza. Otras veces me nublan los celos y la inseguridad. He intentado ser mejor, pero me sigo quedando corto. Intento ser más fuerte, pero sigue habiendo días en los que simplemente soy débil. He dejado de intentarlo con más énfasis o de hacerlo mejor. Confío en que Dios está al mando y me ama por quién soy y dónde estoy en mi vida ahora mismo. Me agarro a Jesús, que sin pecado, entregó su vida para que yo pudiera vivir en verdadera libertad. No tienes por qué creer en lo que yo creo para estar aquí. Estamos juntos en esto, pero si mi viaje puede ayudarte, eso es todo lo que quiero. Os quiero, gente."

No volvió a girar desde entonces y tampoco había vuelto a actuar en directo ante el gran público hasta que fue invitado como cabeza de cartel al Coachella 2026, el festival más prestigioso del mundo que se celebra en pleno desierto norteamericano.

Tracking