Carta pastoral de Mons. Mario Iceta: Preparar de verdad la Navidad

Carta pastoral de Mons. Mario Iceta: Preparar de verdad la Navidad
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Queridos hermanos y hermanas:
A las puertas de una nueva Navidad, quisiera compartir con vosotros el misterio sagrado, trascendental y profundo de la Encarnacio?n del Hijo de Dios.
El Adviento, con su poso de eternidad y su mirada contemplativa hacia el Absoluto, llega a su fin. Y lo hace para introducirnos en el sacramento de la Belleza que se hace vida en Navidad, para iluminar ?con Quien es "Luz del Mundo" (Jn, 8, 12)? los rincones de nuestra presencia y para acomodar la posada de nuestro corazo?n ante la llegada del Nin?o que nace en un humilde pesebre.
Dios toma nuestra carne para habitar entre nosotros. Ma?xime en estos momentos difi?ciles y llenos de ecos dolorosos que intentan solapar el paso del Amor por nuestras vidas. "La Navidad suele ser una fiesta ruidosa", deci?a el Papa Francisco en su mensaje de Navidad del an?o pasado, "y nos vendri?a bien un poco de silencio, para oi?r la voz del Amor".
Es el tiempo del amor, de la acogida, de la mirada apacible y de la sonrisa. Si?, de la sonrisa. Porque es esencial dibujar en nuestro rostro la mirada feliz del Nin?o que nace para sorprendernos con su alegri?a. Hay que hacerlo, incluso cuando las cosas no van bien, cuando nos cuesta comprender la voz de Dios o cuando los suen?os anhelados se rompen y la vida nos obliga a volver a empezar.
Jesu?s es la sonrisa de Dios, y "sonrei?r es acariciar con el corazo?n y con el alma", afirma el Papa. En este tiempo traspasado de eternidad y de preparacio?n para la inminente Navidad, en este andar por la senda de Nazaret repleto de nombres, de sentires y de esperanzas, quisiera compartiros algo que, desde la primera llamada, ha acompan?ado mi vocacio?n: ¿Co?mo es posible que Dios no rehu?ya nuestras pobrezas y venga a habitar en el templo de nuestra carne?
Lo he meditado en multitud de ocasiones y, en cada uno de los silencios que me suscita esta pregunta, descubro co?mo E?l vuelve a habitar en el pobre pesebre de mi vida. Sin preguntas, sin reclamos, sin sentirse ofendido en cada una de mis miserias. Y asi?, aun siendo limitado, aun ofrecie?ndole, tantas veces, las pobrezas de mi persona, consuela el decaimiento de los di?as complicados: cuando no se alcanza a ver la Navidad en los momentos en que la niebla cubre la hermosa luz de Dios que siempre nos ilumina.
Y es que, ciertamente, Dios no rehu?ye nuestras limitaciones ni nuestros pecados. Al contrario, habita nuestra carne herida y nos recuerda que hemos sido creados para amar y para ser amados.
Es el misterio ma?s esperado de la Navidad. Y ahi?, en ese abrazo consolador, Jesu?s nos pide que seamos hospitalarios, que no permitamos que nadie se sienta abandonado, que nos dispongamos a escuchar ?con quienes sufren? el silencio de la Nochebuena, que seamos buenos samaritanos con las personas que atraviesan tiempos recios, que esta?n enfermas o que no tienen a nadie con quien compartir este tiempo de alegri?a.
Que la austeridad de este tiempo sea correlativa a la generosidad de nuestra caridad. No os olvide?is transmitir la esperanza de Dios y, sobre todo, de amar, ma?s alla? de las circunstancias. Que el Nin?o Dios, que nace en el seno de la ma?s bella de todas las mujeres, nos ensen?e a construir el mundo segu?n el corazo?n de esta Madre, y segu?n el corazo?n de Dios. Y que nosotros no nos cansemos de decirle, cada uno de estos di?as, que venga a habitar en el pobre pesebre de nuestra vida. Aguarde?mosle con toda el alma. E?l solo quiere un sitio sencillo donde volver a posar su cuerpo para hacerse, en nuestras manos, una nueva Navidad.
Con gran afecto os bendigo y os deseo una feliz y santa Navidad.





