Abrir nuestras puertas a los otros

Agencia SIC

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Mons. Francesc Conesa Queridos diocesanos:

n el tiempo de Cuaresma se nos invita de manera especial a mirar a Dios, dejando que Él se acerque a nosotros. Pero esto no es posible si no dirigimos también nuestra mirada a los otros. Nos lo ha recordado el Papa Francisco en el mensaje para la Cuaresma de este año. En la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro, que el Papa comenta, se pone de relieve que el otro es siempre un don. Cada persona humana, sea cual sea su condición o su estado, es un tesoro que tiene un valor incalculable. Cada ser humano ha sido querido, amado y deseado por Dios. Por eso, todas las personas, sean vecinos nuestros o sean unos desconocidos, merecen que los acojamos, respetemos y amemos.

Para el hombre rico de la parábola, el pobre ni siquiera existe; durante su vida, no fue capaz de verle ni de escucharle. Lázaro estaba a su misma puerta, en una situación desesperada, sin fuerzas para levantarse, esperando recoger las migajas que caían de la mesa del poderoso. Pero el rico andaba atareado en sus lujos y despilfarros, viviendo en la vanidad y la apariencia. Y ni siquiera se dio cuenta de que a su misma puerta había un ser humano degradado y humillado, que esperaba cada día su compasión.

El pecado provoca siempre una ceguera ante los otros, porque cuando nos alejamos de Dios, entramos en una lógica egoísta que nos impide mirar a los demás. En la vida del hombre rico de la parábola no había lugar para Dios porque, en el fondo, él era para sí mismo su Dios. Sólo después de su muerte se da cuenta de que hay un Dios y, al mismo tiempo, de que había un hombre llamado Lázaro que era pobre y estaba hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Convertir nuestro corazón a Dios es abrir los ojos para mirar a los demás. La Cuaresma es una llamada a no contentarnos con una vida mediocre y a volver a Dios "de todo corazón" (Jl 2, 12), descubriendo su rostro en los otros y, de manera especial, en tantas personas que son "invisibles" para nuestra sociedad autocomplaciente. "La Cuaresma -comenta el Papa- es tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo". Es tiempo, por ello, de salir de la indiferencia y el olvido de los demás. La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de despertar del sueño en que nos sume la cultura del bienestar y de abrir los ojos ante los demás, sintiéndonos responsables de su situación.

Os invito, por ello, a que durante esta Cuaresma tengamos algún gesto de apertura a los demás, aunque sea muy pequeño. Que cada uno realice un signo de acercamiento a los que sufren, con el que demostremos que no nos olvidamos de ellos, que nos importan. Y que también nuestras comunidades realicen el esfuerzo por abrir sus puertas a todos, especialmente a los pobres y alejados. Hacerlo así será la mejor manera de manifestar nuestro deseo de conversión a Dios.

+ Francesc Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

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