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La incansable lucha de José Manuel para proteger la integridad física de su hija

Pese al sufrimiento que le provoca a la menor estar con su madre, el juez le ha concedido la custodia provisional

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La hija de José Manuel tiene ocho años. Desde hace tres, según el testimonio de su padre, está viviendo un calvario. Fue el momento en el que José Manuel y su pareja decidieron seguir caminos diferentes, por la adicción al alcohol de esta última, a lo que se suman sus trastornos de personalidad: “El último año de relación trató de quitarse la vida, motivo por lo que tuvo que ingresar en el hospital.” Desde entonces, la expareja de José Manuel está en tratamiento, pero que abandona con frecuencia.

Una vez efectuada la separación, el juez determinó en un primer momento la custodia compartida. Una sentencia que, a juicio de José Manuel, se debe a la incompetencia de los servicios psicosociales de los juzgados y los servicios sociales del ayuntamiento de la localidad gallega en la que residen: “La custodia compartida realmente no comenzó a ejercerse hasta hace un año, cuando mi expareja empeoró. Eso repercutía en el comportamiento que ella tenía con mi hija. La agredió físicamente en octubre del año pasado. Luego también me enteré que mi hija y su madre estuvieron sentadas en el borde de un pozo, y su madre le decía a nuestra hija que iban a desaparecer, que irían a un lugar muy lejos. Aquello lo declaró mi propia hija en el juzgado."

Pese a estos hechos, José Manuel no reaccionó hasta enero, cuando su hija le comentó que durante las vacaciones de Navidad, tras una discusión entre su madre y los abuelos maternos de la pequeña, la primera se encerró en el baño con su hija: “La madre estaba muy nerviosa, amenazando con suicidarse con la cinta de un albornoz y matar también a mi hija. Mi expareja incluso le tapó la boca y la nariz, hasta que la niña logró soltarse y pedir ayuda. Para mi hija fue algo brutal."

La hija de José Manuel decidió contar aquella experiencia a su profesor. Fue en ese momento cuando se activó el protocolo por maltrato. La situación se le comunicó a los servicios sociales del ayuntamiento y a la Inspección Educativa. A partir de aquel momento, relata José Manuel, comenzaron los errores: “Ni la inspección educativa ni los servicios sociales denunciaron o comunicaron los hechos a la Fiscalía de Menores. De hecho, yo tengo un documento de la Fiscalía de Menores en el que refleja cómo los servicios sociales del ayuntamiento no cumplieron con la ley de protección al menor."

El asunto fue derivado a la Fiscalía de Menores de la Xunta de Galicia"No hicieron tampoco nada. Tras el intento suicidio de su madre, mi hija permaneció con ella otros dos días, lo que tardé en tramitar la denuncia. La madre esos días se fue de casa con su actual pareja, y a mi hija la dejaron en una vivienda de una familia que luego fue desalojada por un tema de consumo de drogas. Era una situación surrealista que yo denuncié.”

El juzgado acabó por citar a declarar a José Manuel y a su hija. Esta última declaró ante el Fiscal y el juez de menores sus malas experiencias con su madre. Tras la declaración, el juzgado tomó la decisión de reclamar el informe de veracidad de su testimonio: “El juzgado la solicitó en febrero, luego se retrasó en abril, pero el equipo psicosocial encargado de ello, solo elaboró un informe de la situación pero no la valoración de veracidad. Incumplieron la orden judicial esgrimiendo que yo podía estar manipulando a mi hija para que contara determinada cosas. Pero no especifican en qué ha podido mentir mi hija o en qué le he podido manipular.”

Así las cosas, en junio el juez decretó, como medida provisional, la custodia de la niña a su madre. José Manuel está preocupado, visto lo visto anteriormente, por la integridad de su hija: “Sigue viviendo situaciones complicadas y nadie se preocupa de ello. Ha habido agresiones físicas por parte de mi expareja. Le empujaba contra los muebles, su madre amenazaba con marcharse con ella de casa…”

José Manuel relata lo mal que lo está pasando su única hija: “El día que le comunicamos el psicólogo y yo que tenía que volver con su madre no paró de llorar durante más de una hora. Teníamos que explicarle lo inexplicable. Que pese a todo lo ocurrido, es como si no hubiera pasado nada.”

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