“La Policía creía que quería meter al niño dentro del horno”

Un médico de Urgencias cuenta la difícil situación que se encontró al acudir de madrugada a atender a un recién nacido

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Una de la historias de esta entrega de ‘Crimen y castigo’ dedicada a las experiencias más duras vividas por trabajadores nocturnos es la de un médico valenciano que tuvo que usar el ingenio para salvarle la vida a un bebé recién nacido.

Eran las cuatro de una fría madrugada de invierno. El equipo de Urgencias llegó a la casa de una familia de inmigrantes en una zona humilde de Valencia. Entre familiares y vecinos eran unas quince personas que ocupaban un pequeño piso, iluminados por la luz tenue de una sola bombilla.

En una habitación tan diminuta en la que ni tan siquiera cabía el equipo médico, se encontraron a la mujer, que acababa de parir, sangrando en la cama y al niño en el suelo, sin que le hubiesen cortado todavía el cordón umbilical.  

El bebé, pese a ser negro, estaba totalmente blanco. Estaba frío, con una frecuencia cardiaca por debajo de sesenta y sin apenas respirar. El médico solicitó a la familia y a los vecinos una fuente de calor, ya fuese una estufa, un secador, etc. Pero nadie tenía nada.

Fue entonces cuando al doctor se le ocurrió pedir a la Policía que encendiera el horno. Se quedaron estupefactos y le preguntaron: “¿Vas a meter al niño en el horno?”. No era esta la intención del médico, que no paró ni un instante de realizar las labores de reanimación al bebé, sino usar el electrodoméstico para contribuir al aumento de la temperatura de su paciente. Y fue precisamente gracias al calor del horno que pudo reanimar al recién nacido y la historia tuvo un final feliz.

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