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Anabel Mialdea, Premio Bárbara Castro a un Corazón de Madre: "El Espíritu Santo estuvo en nuestra mesa"

La madre cordobesa ha recibido el premio que otorga el Instituto de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo tras adoptar a dos niños rusos

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Redacción Religión

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 19:01

El Instituto de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo de Madrid entrega mañana los Premios CEU por la Vida. Una iniciativa que reconoce a personas que defienden el derecho a la vida en diferentes ámbitos. Entre los galardonados, encontramos a Irene Barajas, alumna de 4º de Farmacia y Biotecnología de la Universidad CEU San Pablo, que ha elaborado un impactante vídeo contra el aborto y que recibirá el Premio CEU por la Vida a la Creatividad de los Alumnos en la Defensa de la Vida; el doctor Manuel Martínez-Sellés, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, recibirá el Premio CEU por la Vida por la Defensa Pública de la vida; y Anabel Mialdea, una madre cordobesa que recibirá el Premio Bárbara Castro a un Corazón de Madre.

Este último es un galardón especial, porque lleva el nombre de una antigua alumna, Bárbara Castro, que luchó y priorizó la vida de su hija frente a la suya propia. Estando embarazada le diagnosticaron una enfermedad y, en ese momento, tuvo que optar entre tratarse, lo que podría perjudicar a su bebé, o no. Para no perjudicar la vida que llevaba dentro, decidió no tomar el tratamiento y su hija nació sana, pero ella falleció.

En 'Mediodía COPE' hemos hablado con Anabel Mialdea, la ganadora del Premio Bárbara Castro a un Corazón de Madre. Ella es madre de dos hijos en adopción. Un proceso largo y tedioso que ella compara con un embarazo "latoso". Rafael, su marido, y ella, tomaron la decisión de adoptar debido a que no podían tener hijos de forma natural. Fueron a buscar a su primer hijo, a Rafael, a Rusia. Llegó a casa con 1 año y medio. Nació con 1,75 kg a -20ºC, sin incubadora y en condiciones precarias. Su madre cuenta que "era muy chiquitín, traía su mochililla, con cosillas a cuestas..." pero ha sido un niño feliz y ahora está estudiando 1º de Bachillerato.

Anabel también recuerda los numerosos viajes que tuvieron que hacer para lograr la adopción de Rafa y las condiciones que allí se encontró: "Viajamos tres veces y duro no es la palabra. Es casi inhumano. Y no por el hambre, que la tienen, o el frío... es la falta de amor. Se les nota. Llegas y se te cogen de la mano diciéndote 'papá, avión', entonces imagínate lo que sientes al no poder traértelos a todos. Pero merece la pena", asegura.

Merece tanto la pena que unos años después decidieron repetir la experiencia con su segunda hija, con Ana. Aunque las cosas fueron más complicadas que en el caso de Rafael: "Nos omitieron sus problemas de salud. Cuando tienes que viajar a conocerla, uno de los requisitos es un visado. Y tardaban en dárnoslo porque no nos querían decir el sitio al que íbamos, que era un hospital de enfermos mentales. Pero cuando nos llegó el sitio al que íbamos, sentí el miedo más terrorífico que he sentido en mi vida. Pero luego fue una serenidad pasmosa. Por eso yo siempre digo que el Espíritu Santo estuvo en nuestra mesa. Y mi marido, sin hablarlo, me dijo 'creo que estamos pensando lo mismo: esta niña es nuestra'. La verdad que esa Mano de Dios la notamos ahí y fuimos tan felices".

"Al primer momento sentí pánico, pero ahí Dios nos marcó el camino. Somos una familia súper corriente, con unos valores importantísimos... pero fue algo que Dios nos tenía preparado y ahora somos los padres más felices del mundo", asegura Anabel.

Anabel nos ha contado que Ana está ya mucho mejor: "Ana es un torbellino de colores, como decía Lola Flores. Yo la llamo Anita Dinamita y Barbie Emociones", afirma Anabel entre risas. "Pasa de las botas para montar a caballo al tutú rosa de ballet y yo le digo 'hija mía, ya está, todo no se puede'. Es cofrade, sale de nazarena, el otro día salió de mantilla acompañando a san Rafael. Le gustan los perros, el campo... ahora es la Feria y ya tenemos la casa preparada que parece el camerino de una cupletista: con sombreros, con trajes cortos, con zahones... y aquí tienes a una madre vieja detrás de ella que ya va con la lengua fuera".

"Tú no sabes lo que es ver a una niña que no tenía derecho a la vida, porque los médicos nos dijeron que estaría muerta por cosas que en España son una ridiculez de operación, y verla tan llena de vida", concluye Anabel.

El Premio Bárbara Castro a un Corazón de Madre está dotado de 2 000 euros que irán destinados a la fundación ADEVIDA Córdoba de la que Anabel es vicepresidente.

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