La foto: "Sin ser mirado no acierta uno a mirarse, a encontrarse"

Fernando de Haro elige una imagen de La Vanguardia para cerrar el programa de hoy

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Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 19:11

La foto que me ha llamado la atención la publica hoy La Vanguardia. Es una imagen dedicada a ilustrar una noticia sobre el reconocimiento facial. Ocupando más de media página aparece un plano detalle de los ojos y las cejas de un hombre joven que parece estar asustado o cuando menos perplejo, quizás sea desorientado. Los párpados han quedado desdibujados y unas pupilas azules algo desorbitadas atraen toda la atención. Hay algo de robótico en el retrato: sobre los ojos hay dibujadas algunas señales y la foto está tratada de modo que se descompone en una multitud de pixiles simulados. Los píxeles están simulados, porque los píxiles reales, las rectángulos de colores con los que se forman las imágenes en una pantalla son mucho más pequeños y no se ven a simple vista. Simulada o no la foto es el retrato de un rostro fragmentando en millares de fragmentos rectangulares, en retículas. Solo un observador que se distanciara de la foto lo suficiente tendría una imagen nitida y podría pronunciar el nombre del retratado en una lengua, con un acento, que hiciera justicia a su personalidad única. El propio retratado, si se mirara de este modo en un espejo o se hiciera un selfi no podría distinguirse, solo tendría ante sí cuadrados de colores inconexos. El propio retratado, mirando desde tan cerca solo contemplas manchas sin relato, no puede deletrear el argumento visual que forman las retículas, no tiene una visión de conjunto. Y se da uno cuenta al mirar la foto que muchas veces es así, que busca uno su rostro, su retrato y solo hay manchas, sucesos inconexos. Hace falta que alguien le mire desde fuera, desde una mínima distancia para reconocerse. Sin ser mirado no acierta uno a mirarse, a encontrarse. 

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