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La foto: "Esos ojos que miran sesgados, esas botas llenos de polvo..."

Fernando de Haro cierra el programa con una imagen del diario La Razón

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Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 19:04

La foto que me ha llamado la atención la publica hoy el diario La Razón en sus su páginas de cultura. Es una imagen en blanco y negro, tomada quizás en los años 50 o 60 del pasado siglo en una cafetería modesta de Estados Unidos, quizás en Texas. La cafetería tiene mesas pegadas a la pared con asientos corridos que parecen los de los trenes antiguos. Sobre la madera gastada y repintada del tablero hay un servilletero. Ante la mesa retrada se tumba un joven que gasta sombrero de vaquero, camisa y pantalones color caqui y unas botas de esas que se estilan en la norteamerica que fue antes mexicana y antes de antes española. Botas de andar con las novillas y con el lazo. Trae el joven los botos sucios pero no le ha importado, se ha tendido tan largo como es en el banco corrido, con los pies por alto, se ha apoyado en la pared y con un codo en la mesa se lleva a la boca un botellín. Su mirada es desafiante, torcida, mira al bies, en diagonal. Los ojos torcidos buscan algún objeto o alguna persona en la cafetería que está fuera de foco y que debería sentirse amenaza. Esos ojos que miran sesgados, esas botas llenos de polvo, ese cuerpo tendido, ese acodarse para echar un trago lo dicen todo del chico. Quiere llenar espacios, dominar aunque sea unos metros del bar para poder decir aquí estoy yo. El momento captado por la foto revela todo sobre la inseguridad, el dolor, la insatisfacción, el desvalimiento que lleva el chico encima, es la inseguridad de los que quieren ocupar un espacio. Un día al chico se le cruzó en la vida una mirada al bies y desde entonces sueña con ser diferente. Desde que madruga para sacar las vacas al campo sueña con entrar en la cafetería para desparramarse ante una mesa, para poner los pies encima del asiento, para dejar claro que él es diferente. Sin ese momento, la vida le resultaría demasiado amarga. El chico que pone los pies por alto está contando a gritos que un día se le se le cruzó en la vida una mirada al bies y desde entonces sueña con ser diferente. 

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