

"Cuando los barcos de guerra se despliegan en zonas de conflicto, la intención puede ser defensiva, aunque el riesgo de terminar dentro de la guerra siempre está ahí"
La comunicadora de 'La Tarde' analiza la decisión de Pedro Sánchez de enviar la fragata Cristóbal Colón cerca de Chipre
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Hoy vemos una de esas decisiones que reflejan perfectamente la complejidad de la política internacional. España ha decidido enviar la fragata Cristóbal Colón al Mediterráneo Oriental, cerca de Chipre. Un buque de guerra moderno con capacidad para 205 personas, 48 lanzamisiles, un cañón naval, dos cañones automáticos, dos lanzadores submarinos, cuatro tubos lanzatoros, varias ametralladoras, un helicóptero y posibilidad de interceptar misiles a más de 150 km. Vamos, un auténtico escudo flotante, pero también si fuera necesario un arma con capacidad ofensiva. Y aquí surge la pregunta, ¿está España entrando en la guerra contra Irán o está intentando evitarla? Porque al mismo tiempo que envía esta fragata, el gobierno ha dejado algo muy claro. España no participará en los ataques de Estados Unidos contra Irán ni permitirá que sus bases militares se utilicen para lanzar operaciones ofensivas. Todo esto enmarcado en el 'No a la guerra' que rescató Pedro Sánchez en su comparecencia en Moncloa este pasado miércoles.
Desde que Estados Unidos e Israel atacaran el sábado objetivos iraníes desencadenando una escalada de misiles, drones y represalias en toda la región, Europa se ha ido moviendo en el terreno de la defensa, disuasión y protección de sus fronteras, sin perder de vista que en el mundo real las guerras no se limitan a un solo escenario.
España es miembro de la OTAN. Tiene bases compartidas con Estados Unidos, tiene tropas en misiones internacionales y tiene intereses estratégicos en el Mediterráneo. Eso significa que aunque España no quiera participar en el ataque a Irán, puede verse implicada indirectamente. La fragata española no se dirige a bombardear Irán, se dirige a proteger Chipre, una isla europea que está a pocos cientos de kilómetros del conflicto y donde ya ha habido ataques con drones iraníes contra instalaciones militares.
La misión forma parte de un despliegue europeo junto al portaaviones francés Charles de Gall, barcos griegos y otras fuerzas aliadas. Pero hay una paradoja evidente. Una fragata que se coloca entre los posibles lanzadores de misiles iraníes y la isla no solamente observa, también tiene capacidad para responder. Es decir, la línea entre defensa y participación puede ser muy fina. Desde el gobierno español insisten en que no hay incoherencia en su postura, no a la guerra.
Pero ahora su retórica se centra en diferenciar que una cosa es participar activamente en una guerra y otra muy diferente es proteger un territorio aliado o evacuar civiles si la situación empeora.
La fragata Cristóbal Colón se convierte así en algo más que un buque militar. Es un símbolo de la postura española en esta crisis, estar presente sin convertirse en parte del ataque. Pero la historia nos enseña algo. Cuando los barcos de guerra se despliegan en zonas de conflicto, la intención puede ser defensiva, aunque el riesgo de terminar dentro de la guerra siempre está ahí.



