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La foto: "Lo que uno no soporta es no ser diferente, distinto"

La historia de los tres trillizos separados al nacer.

Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:08

La foto que me ha llamado la atención la publica el diario El País. Aunque en realidad está en diferentes versiones en todos los periódicos. Los protagonistas son tres chicos jóvenes, entre los 25 y los 30 años. Los tres están sentados a una mesa, con los codos apoyados sobre el mantel y con las manos entrelazadas delante de sus barbillas. El de la izquierda tiene una cara amofletada, labios marcados cejas pobladas y una mirada cansada, algo resignada. El del centro tiene una cara amofletada, labios marcados, cejas pobladas y una mirada serena, equilibrada. Y el de la derecha tiene una cara amofletada, labios marcados, cejas pobladas y una mirada invasiva, inquisitora, exigente. Los tres chicos son muy parecidos, son tan parecidos que parecen iguales. Pero no lo son. Los tres chicos son trillizos y son los protagonistas de un documental del que hemos hablado esta tarde en el programa. Fueron separados de niños. Y ya digo, parecen una copia, y es inquietante que parezcan una copia. Pero se detiene uno a observar el fotograma y se da cuenta de que estas copias genéticas son absolutamente diferentes. No hay genes que nos hagan iguales. Se les ve la diferencia, la singularidad en la mirada. Los ojos son iguales, pero la mirada describe la profundidad de la diferencia, de la personalidad de cada un. Y la inquietud inicial que produce la foto da paso, mirando a las miradas, a la tranquilidad.

La inquietud estaba provocada, porque bien mirado, lo que uno no soporta es no ser diferente, distinto, uno-uno.. Lo que no se soporta es pensar que eres uno más, uno más de tres, uno más de los que cogen el metro, uno más de los que votan, uno más que consume, un grupo más de amionácidos ciegamente ordenados, uno más de los acomplejados, de los eufóricos, de los satisfechos, un ciudadano más de la anónima ciudad de una anónima historia de anónimas células. Lo que uno necesita es que le miren la mirada y que quien le mira le identifique como lo que es, nunca anónimo, nunca uno mas, siempre uno irrepetible, mirado de forma irrepetible.