
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto en El Mundo. Es una foto desgarradora, dura, difícil. Piensa uno cuando la ve que es mejor no detenerse, pasar de página, pensar en otra cosa, hablar de otra cosa, esto al fin es la radio y este es un programa simpático de una radio simpática. La foto que me ha llamado la atención es la de un chico con un gorro de lana de una marca deportiva conocida, con la cara deformada, los labios muy grandes y unas ojeras pardas. En sus ojos marrones no se si hay enfado o tristeza. Desde que sufrió un accidente con su padre a los ocho años, se ha sometido ya a más de cien operaciones. Ya, ya se, este es un programa simpático y de estas cosas no se habla. Pero hoy, no se porqué no me podido quitar del alma ese retrato, que es como el de un Cristo. Y es fácil imaginar cuántas veces el chico de la foto, cuántas noches el chico de la foto se habrá preguntado por qué yo, por qué me ha tocado a mi, por qué yo tenía que estar en ese camión que salió ardiendo, por qué si yo soy inocente. Es la misma pregunta, el mismo grito, que se escucha a veces en algunos de los campos de refugiados que pueblan el mundo, en las ciudades devastadas por las bombas, en el silencio de los corazones de las niñas humilladas. Ya, ya lo se, que de estas cosas no se habla. Pero a veces el clamor de ciertas fotos de ciertas imágenes piden que alguien les de voz. ¿Por qué a mí? Y la pregunta no tiene respuesta. No hay una mente suficientemente analítica que pueda descomponer y explicar por qué el chico de la foto estaba en un camión que se prendió fuego. No hay respuesta de momento al por qué. Quizás si haya respuesta a la pregunta por el quién, ¿quién puede acompañar a la chica de la foto a los chicos, a las chicas, a los hombres y mujeres que estaban, que están en los camiones incenciados. ¿Quién? Ya se que de estas cosas no se habla en un programa simpático. No lo volveré a hacer.



