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Foto del día: 'El pescador es un verdadero padre que enseña sin palabras al hijo qué significa hacerse mayor'

El niño quiere anclarse en puerto, en lo conocido y el padre, con dulzura y  sin muchas palabras, le enseña a mirar al horizonte

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:16

El retrato que me ha llamado la atención no es de un periódico si no del catálogo de una exposición que recoge alguna de las primeras fotografías que se hicieron en España. Un de los primeros fotógrafos que se dedicó a este arte en nuestras tierras era un frances al que todo el mundo acabó llamándole Juan Laurent. Laurent que trabajó de casi todo, acabó dedicándose a la fotografia de forma profesional y retratando la España de mitad y de finales del XIX. La foto del catálogo está tomada al borde del mar. La composición es un cuadro. Un barco pequeño, con una vela latina, que es como un cuchillo grande que abre el cielo, está fondeado a pocos metros de una playa de tierra. Vela latina, vela que rasga los confines. Un poco más adelante, un hombre y un niño. Acaso un padre y su hijo. Los dos descalzos, el hombre lleva al hombro un largo palo, quizás un remo. Y el largo remo en la mirada del espectador forma una uve con el mástil de la vela. Y con esa uve imaginaria, el espectador tiene la sensación de que el hombre de la foto, quizás un pescador, sostiene un gran vaso, como si al borde del mar esperara que el cielo se derramara con algún don inesperado. El pescador, el padre, mira al horizonte y sostiene en la mano que tiene libre la mano del chico, del zagal. El chico también descalzo no mira al mar, mira al puerto que queda a su derecha. Hay aquí también un juego geométrico. Las dos miradas forman una ele. El pescador es un verdadero padre, un hombre concreto, que sabe esperar los dones del cielo, que agarra con fuerza en su mano el remo para bregar y que al tiempo mira al horizonte, el remo en el agua, la mirada en lo lejano, en lo desconocido, en lo que está más allá. Par agarrar con fuerza el remo, para bregar con paciencia, hace falta una mirada larga. El padre lleva de la mano al niño que vuelve su mirada hacia lo conocido, hacia la casa. El marinero con la mano en lo conocido, y con la mirada en lo desconocido. El padre enseña sin palabras al hijo que significa hacerse mayor, que hacerse mayor es tener los ojos y el corazón en lo de lejos, en lo que no se conoce, y los dedos en la brea, en los remos, en la red, en el pan que hay que ganar. El niño quiere anclarse en puerto, quiere anclarse en lo conocido, en las caricias y en los mimos de la madre. Y el padre, con dulzura, sin muchas palabras le enseña a mirar al horizonte.