La Foto: "No se arredra ante las dificultades y sigue ofreciendo su mercancía”
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Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy en el periódico El Mundo. En Karachi, ciudad al borde del mar, ciudad encantadora y cruel, ciudad del Pakistán. Un vendedor está sentado en una silla alta, viste el tradicional Salwar, una túnica hasta las rodillas sobre un pantalón del mismo color. En este caso de un color camel impoluto.
El vendedor gasta una barba blanca y larga y un gorrito que le cubre la coronilla y poco más. Las tiendas que tiene a sus espaldas tienen las persianas echadas, bocas de metal cerradas de las que no salen las palabras de la compra y la venta que eran habituales.
Pero el protagonista de la foto no se arredra ante las dificultades y sigue ofreciendo su mercancía: en cada mano tiene un reloj grande, de pared, con el fondo muy blanco, los números de las horas nítidos y enormes.. Los dos relojes son muy parecidos, uno de ellos tiene un cinco y un siete más historiados.
Los dos relojes están sincronizados, son las diez y diez y las manecillas dibujan el perfil de las alas de un milano volando por el tiempo. Se van los ojos de quien mira la foto de un reloj a otro para sorprender alguna diferencia, para encontrar un minuto más o menos que relativice la contundencia del presente. De mil amores le compraría al protagonista de la foto los dos relojes, dos docenas o dos centenares.



