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Terrores nocturnos, un trastorno del sueño más allá de las pesadillas

Macu, nuestra psicóloga y Belén Luego, madre de un niño con terroers nocturnos nos explican las peculiaridades de estas alteraciones del sueño

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:45

Las pesadillas suelen ser muy recurrentes cuando se es pequeño, son sueños muy agitados y tan vívidos que en ocasiones se confunden con la realidad. En la infancia también son frecuentes los terrores nocturnos que aunque se suelen confundir con los primeros tienen notables diferencias. Los niños que padecen de estas alteraciones de sueño pasan mucha angustia y los padres que ven desde fuera los balbuceos, gemidos y gritos también lo pasan mal.

Belén Luengo es madre de dos niños de 11 y 6 años. El pequeño, Álvaro, empezó a sufrir de terrores nocturnos a los dos años y estos episodios acabaron afectando al sueño de toda la familia. La primera vez que ocurrió Belén pensó que se trataba de una mala pesadilla, pero su hijo estaba muy agresivo, “era como una especie de sonámbulo pero tiraba cosas y daba patadas”, entonces comprobó que no se trataba de una rabieta, su hijo estaba dormido pero tenía los ojos abiertos y no respondía ante lo que le decían.

Belén buscó en Internet los síntomas y grabó a su hijo en uno de esos ataques. En seguida le llevó al pediatra y confirmó sus sospechas, el pequeño Álvaro sufría terrores nocturnos. Aunque estos solo se dieron durante dos meses Belén lo recuerda como una etapa muy dura y da gracias de que se acabase.

Macu Gortazar, nuestra psicóloga, nos explica las principales diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos. Estos no son lo mismo, ocurren en fases de sueño diferentes. Las pesadillas son sueños muy vividos con emociones de miedo y de angustia que ocurren en fase REM y van acompañadas de imágenes, sonidos y relaciones. Los terrores nocturnos aparecen en una fase de sueño profundo, es el periodo de sueño más reparador cuando el cuerpo descansa y el cerebro tiene menos actividad. Durante esa fase pueden haber pequeños ataques de pánico ya que aparecen pensamientos y preocupaciones que no aparecen en nuestra consciencia. Estos ataque tienen su respuesta física y motora provocando verdaderas escenas de agresividad.

Los terrores son más comunes en niños que en adultos ya que estos son más capaces de controlar sus reacciones. Tras estas alteraciones del sueño el cuerpo descansa lo que provoca que por el día se encuentren agotados.

Como solución Macu propone ir a un estudio de sueño para ver si hay alguna etapa de sueño que dure demasiado o que no se esté pasando por todas ellas. Lo mejor es aislar el hecho y hacer todo lo necesario para evitar las conductas que refuercen el miedo. También establecer una rutina de sueño para que así se creen unos hábitos y poder volver a recuperar el sueño de forma normal.

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