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'La Mañana Fin de Semana'

Escalante: "Tras elegir al líder, en el PP se abre un nuevo episodio de integración y unidad"

"Al mediodía sabremos quién se lleva el gato al agua. Se abrirá entonces otro episodio que traduzca las diferencias de estas semanas en integración y unidad. Pero esa será otra historia".

 

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Redactor Política Informativos COPE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 09:05

"Todas las miradas estarán pendientes de 3.082 personas. De 3.082 compromisarios que con sus 3.082 votos van a decidir el nombre del nuevo líder o lideresa del PP.

En el Partido Popular dan por hecho que el resultado será muy ajustado. Incluso se habla de una diferencia de entorno a un centenar de votos. Y entre bambalinas, se calcula que hasta el 10% de los compromisarios mienten cuando les preguntas a quien van a votar. En las últimas semanas, en los últimos días y, sobre todo, en las últimas horas, los equipos de los dos aspirantes han intensificado sus esfuerzos por convencerles. Hoy, Soraya Saénz de Santamaría y Pablo Casado.Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría tendrán la oportunidad de dirigirse a ellos por última vez antes de la votación.

Ambos están convencidos de su victoria.Eso al menos dicen en público. Ella como la candidata más votada por los militantes. Él, como el que ha sido capaz de aglutinar el apoyo del resto de candidatos que comenzaron esta carrera y se han quedado por el camino.

Si se cumple el horario previsto, a eso de la una de la tarde, podríamos conocer quien se lleva el gato al agua. Se abrirá entonces otro episodio que traduzcan las diferencias de estas semanas en integración y unidad. Pero esa será otra historia.

Hoy el PP estrenará nuevo liderazgo. Pero ayer el protagonismo absoluto fue para un emocionado Mariano Rajoy que se despedía de los suyos. Rajoy cerraba así su último discurso como político en activo, un discurso de reivindicación de su trayectoria. De sus logros. Sobre todo los económicos, la respuesta al desafío independentista y la firmeza contra ETA.

Con críticas a la izquierda y la extrema izquierda, decía, que han utilizado la puerta de atrás de una moción de censura para sacarles del gobierno. Pensado, en definitiva, para reivindicar su forma de entender la política y levantar el ánimo a los suyos. Quizá por eso llamó la atención la escasa (siendo generosos) autocrítica y la inexistente mención a la corrupción que tanto ha desangrado al caladero de votos del PP.

Rajoy se va como prometió que haría. Sin romper su neutralidad. Sin tutelar -al menos en público- su relevo. De hecho, ayer evitó mencionar a ninguno de los dos candidatos a los que, eso sí, pidió responsabilidad y prometió lealtad.

La sucesión de Rajoy al frente del PP se precipitó después del triunfo de la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez tras la primera gran sentencia de la trama Gürtel. Una moción que llegaba cuando los populares aún celebraban la tardía y trabajadísima aprobación de los presupuestos generales del Estado para este año.

Ahora es el PSOE el que comienza la tramitación de las primeras cuentas públicas con el sello del nuevo gobierno. Unas cuentas expansivas. Es decir, basadas en un importante incremento del gasto público. Pero no será un camino fácil para el Gobierno. La tramitación parlamentaria se presenta complicada. Primero, porque deberá satisfacer las facturas que le pasen los grupos que apoyaron a Sánchez para llegar a Moncloa. Y segundo, porque el PP tiene en su mano bloquear la tramitación cuando llegue al Senado.

Y este fin de semana, hay otro foco de atención informativa muy importante. Porque si hablamos de tensión interna en el PP, ojo a la asamblea que está celebrando este fin de semana el PDeCAT. El partido creado hace apenas dos años para dejar atrás la marca de una Convergencia marcada por la corrupción. Ese partido, ahora amenaza con romperse en dos, si es que no lo está ya entre los partidarios de su coordinadora general, Marta Pascal y los de Puigdemont que quiere tomar el control integrándolo en su nueva aventura independentista que ha llamado Crida.

Puigdemont no quiere ser una figura del pasado. Y menos ahora que es libre de moverse por todo el mundo, excepto por España. En sus planes inmediatos está regresar a las afueras de Bruselas. Establecer en Waterloo su cuartel general desde el que pilotar el pulso al Estado. Todo, gracias a que la justicia alemana ha impedido extraditarle por un delito de rebelión. Un asunto sobre el que el Gobierno vuelve a ponerse de perfil.

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