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El reencuentro entre un soldado español y un niño de la guerra de los Balcanes

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 22:53

Esta historia  te va a emocionar. Vamos a irnos hasta una pequeña aldea de Bosnia. Cerca de la frontera con Croacia; son los años 90, plena guerra de los Balcanes, uno de los conflictos más devastadores del siglo XX

Allí los soldados españoles se encuentran desplegados desde 1992, poco después de que estallase el conflicto Y fueron testigos de la barbarie. Se volcaron en la ayuda humanitaria a la población civil. Los soldados llegaban a integrarse casi por completo con los habitantes de aquellas ciudades, convivían con ellos, era una guerra cruel, de hermano contra hermano. La aldea en la que transcurre la historia que te quiero contar es uno de estos lugares a los que el ejército español llegó en los 90, su nombre es Drachevo y aunque ahora ha crecido bastante en el año 95 había poco más de 20 casas. El protagonista de este relato se llama Joaquín Olmeda, un comandante español desplegado en la zona.

El reencuentro entre un soldado español y un niño de la guerra de los Balcanes

 

Drachevo estaba rodeado de zonas devastadas por el conflicto, lugares arrasados por la ira de los serbios. Los españoles protegían la aldea y prestaban ayuda humanitaria en los lugares cercanos; el reparto de sangre para los heridos era una de sus principales labores, de hecho el comandante Olmeda también tuvo que jugarse la vida para ayudar a los demás. En ese campamento español de Drachevo había dos niños pequeños, bosnios, que nunca se separaban de los soldados; eran de una familia muy humilde, una familia a la que la guerra les hizo todavía más pobres. Se llamaban Slavko y Zoran; Slavko era el mayor y el más atrevido. No quería mendigar, sólo pedía trabajo para su madre. Los niños pasaban muchísimo tiempo con los españoles. Jugaban al futbol, merendaban con ellos y Joaquín les tenía un cariño especial, sobre todo a Slavko. Hace unos meses, 20 años más tarde, este comandante español quiso viajar de nuevo con su familia a los Balcanes, a esa zona en la que se jugó la vida. Quiso volver a Drachevo para reencontrarse con esa familia, saber qué había sucedido con ellos. Entró en varios lugares a preguntar y al fin, en uno de ellos, lograron decirle la casa en la que vivía la madre.

La madre le puso en contacto con los niños. Slavko vive en Dortmund, allí ha formado una familia y se gana la vida dirigiendo una empresa. El pequeño, Zoran, no estaba tan lejos, vive en Dubrovnik así que Joaquín y su familia se acercaron para verle. Y allí Zoran les dijo a los hijos de Joaquín: “Gracias a vuestro padre y a los soldados españoles, salvamos la vida”.