

Ángel Expósito: "Sánchez no puede salir a la calle sin que le piten y no lo soporta"
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El día pasa por nuevos anuncios del Gobierno repartiendo dádivas, subsidios y propinas por el precio de la energía, como si el dinero no costara. Y lo proclama Su Sanchidad, sin corbata en el Congreso.
Calderas de vecinos, clase media trabajadora, los ricos, este Gobierno de la gente y bla, bla, bla.
El otro tema: los regates, las mentiras y el mamoneo en torno a la renovación del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Ahora profundizamos.
Pero déjame un minuto porque seguimos a vueltas con el retraso provocado por el presidente del Gobierno ayer, en el desfile del 12 de octubre. Porque no fue una anécdota o un desliz. No. El feo y esa falta de educación y de clase simboliza muchas cosas.
Así pues, un día después, recabando información, hablando con los organizadores y tras lo que yo vi y oí allí y en el Palacio Real... te voy a contar la verdad de lo sucedido. Luego que cada cual opine.
La comitiva del Rey baja por la Castellana, desde la plaza de Castilla a las 10,58 para llegar exactamente a las 11h. a la plaza de Lima. El año pasado, por cierto, el coche del Rey tuvo que dar vueltas a la plaza Castilla porque Sánchez ya hizo lo mismo que ayer.
Minutos antes, a las 10,45, en efecto, la comitiva de Sánchez sale de la Moncloa. Y esto es clave, porque desde la Moncloa dan la orden de llegar por los pelos a la plaza de Lima. Y lo hacen a propósito porque, aunque han puesto a la gente a 200 metros de distancia, Seguridad ya informa de los pitos que se preparan y es que ya habían avisado, por ejemplo, pitando a con Marlaska, el del traje gris clarito (que ya le vale).
¿Qué pasa? Pues que el Rolls del Rey llego en hora, un pelín antes que el coche de Sánchez. Y aquí se produjo otro momento clave: Sánchez (o el pelota que le dirige la estrategia) se quedan dentro del coche esperando a que salgan los Reyes para que los aplausos le tapen los abucheos.
La megafonía anuncia entonces la llegada del Rey pero no dice nada de la llegada de Sánchez. No se menciona al presidente del Gobierno para que en ese instante no se grite, no se silbe o no se abuchee a Su Persona.
Así, con Felipe y Letizia dentro del coche, viendo por la ventanilla a Margarita Robles, a Isabel Díaz Ayuso, al alcalde de Madrid y al JEMAD, pasa un minuto eterno con el jefe de seguridad o protocolo advirtiendo que NO se abriera la puerta del Rey porque NO estaba presente el presidente.
Tras ese minuto, Sánchez baja del Audi, se abre la puerta del Rey y ya aparecen juntos. A la par. Al mismo nivel. Como dos Reyes. Con los aplausos confundiéndose con los abucheos.
Ante el pasmo, lo siguiente ya fue la guinda. Sánchez no se coloca en la fila y pasea tras el Rey, la Reina, la infanta Sofía y él. La nueva infanta es Pedro Sánchez.
Y ya el colofón. Suena el himno y Sánchez posa con las piernas entreabiertas, con los brazos caídos y con sus santos asesores.
Lo de después, hasta hoy, es el argumentario oficial: Que si yo salí cuando me dijeron, que si esperar un minuto en un Rolls no es para tanto... que si menudo drama.
Eso es lo que pasó. Tal cual. Que luego cada uno opine lo que quiera. El problema de Sánchez es que NO puede salir a la calle sin que le piten. Y no lo soporta. Ni él, ni la legión de pelotas. Y si para eso tiene que esconderse bajo el uniforme del Rey se esconde. Tan estirado, como acobardado. Aunque nadie se atreva a decírselo.
¡AH! Y MI POSDATA. No sé lo que dirá el EGM, pero cada día que pasa, se confirma, tenemos más oyentes.
Gracias. Bienvenido Sr. Presidente. Como dice el eslogan, cada día somos más en la familia de Cope.
Atrás quedaron los tiempos en los que Pepe Blanco me mandaba a las tertulias a un joven concejal que nunca salía elegido diputado... un tal Pedro Sánchez. Atrás quedaron las peticiones de entrevistas aquí, en la emisora, en Ferraz, en el Congreso...
Ahora no nos da entrevistas pero nos oye. No solo lee Le Monde en su desayuno del documental sino que nos escucha. Lo próximo será que me llame Tron.
Siempre supimos que estabas ahí. Pedro, Pablo, Yolanda, Echenique. Cada día somos más.



