Ángel Expósito: "Pensábamos que esto solo pasaba en las películas y está ocurriendo ahora en Ucrania"

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Nunca se me olvidará aquella viaje familiar a Cracovia, Polonia. A la vuelta de los campos de Auschwitz y Birkenau, sobrecogidos por hasta donde puede llegar la barbarie del ser humano, el odio del supremacismo y el terror nazi. Nuestra guía, polaca, nos explicó en un perfecto español el horror de Stalin, tal y como se lo contó su propia madre. Y cómo del nazi pasaron al genocida comunista Josef Stalin.

No se trata, ni en absoluto es mi intención, jugar a las equivalencias entre bestias. Sencillamente, pongo sobre la mesa el Holocausto nazi como vergüenza de la historia de la Humanidad y las masacres comunistas en la Unión Soviética durante lustros. Millones de seres humanos masacrados por una ideología tras otros tantos millones masacrados por el supremacismo.

Pensaba yo, ingenuo de mí, que eso era para los libros de Historia. O para movimientos terroristas enmarcados en los nuevos modos de guerra. Pero no. Ese odio racial, del ser superior por el territorio, por la política, es lo que mueve a Vladimir Putin en esta invasión tercermundista de Ucrania. Y me viene a la memoria otra frase que me marcó por donde me la dijeron, por quién me la dijo y por el entorno.

El equipo de boinas verdes de La Linterna viajamos a Bagdad y unos meses después al norte de Irak. Y llegamos desde Erbyl a Mosul pasando por Karakosh. Y recuerdo las calles minadas, las Iglesias en pie, edificios atacados, si, pero cómo se mantenían en pie algunas infraestructuras principales como el hospital a las afueras de Mosul, la avenida central de Karakosh hasta los carteles de aproximación al aeropuerto. Y oíamos las bombas de los helicópteros americanos contra el Daesh a 3 kilómetros de distancia.

En Bagdad, en la base norteamericana pegadita al aeropuerto de la capital de Irak, en las ruinas del antiguo palacio presidencial de Saddam Hussein, un oficial de Operaciones Especiales me dijo: "nosotros atacamos para reconquistar, los rusos planchan". Rusia plancha sus objetivos. Y, en efecto, yo lo vi en Homs (Siria) con los barrios de las afueras absolutamente planchandos por las bombas de racimo. Aquello parecía Grozni en Chechenia. Y me echo a temblar recordando Homs y pensando en Ucrania.

¡Ah! Y mi posdata. Durante estos días, ¿cuántas veces has pensado en tu garaje, si lo tienes, por si te sirviera de refugio? ¿Te imaginas?

Si tienes sótano en casa, bodega si tienes la casa en el pueblo. El garaje de tu comunidad de vecinos de varias plantas o el garaje de tu vivienda unifamiliar. Pues a tantos millones de ucranianos les está pasando, literalmente, eso. No puedo ponerme en el lugar de alguien como tú o como yo que, suenan las sirenas, y tienes que salir pitando un día tras otro al metro o al sótano más bajo del centro comercial a las alcantarillas de tu ciudad. Pensábamos que eso pasaba en las películas y mira, está ocurriendo tal cual en nuestra puerta Este de la Unión Europea.

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