"Creía que lo único que me podía aliviar era la eutanasia, pero menos mal que no, porque hubiera sido un gran fracaso"

Embarazada de cuatro meses, la joven Judith relata en 'Herrera en COPE' su dura historia de superación tras una lesión medular y graves problemas de salud mental, que le llevaron a sus 19 años a pedir la eutanasia

Judith Rivero en los estudios de COPE Valencia
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Judith Rivero pidió la eutanasia pero decidió vivir y cuenta su historia en 'Herrera en COPE'

Patricia Blázquez Serna

Publicado el - Actualizado

4 min lectura19:20 min escucha

La historia de Judith es un relato de dolor, pero también de esperanza y segundas oportunidades. Tras una infancia y adolescencia marcadas por el sufrimiento, que culminaron en una lesión medular tras un intento de suicidio, llegó a pensar que la muerte era la única salida. Así lo ha contado a Jorge Bustos en 'Herrera en COPE', donde ha compartido su testimonio como contrapunto al de Noelia Castillo, la joven que murió por eutanasia la semana pasada. Ahora, con 28 años y embarazada de cuatro meses, su vida es radicalmente distinta.

El punto de inflexión en su vida ocurrió el 29 de diciembre de 2016. Con 19 años y tras un largo historial de sufrimiento, se precipitó desde una altura de entre cinco y siete metros. El resultado fue devastador: se fracturó cuatro vértebras, la muñeca izquierda y la cabeza del radio derecho. Este fue el último de varios intentos de suicidio, pero el que le dejó las secuelas físicas más graves.

Postrada en una cama de hospital, sin saber si volvería a andar y con solo 19 años, Judith sintió que no podía más. "Estoy viva, ¿no? Pero aquí en la cama, que no sé si voy a poder andar, mi vida va a ser esto, tengo 19 años, entonces, ¿qué sentido tiene esto?", se preguntó. Fue en ese momento cuando la idea de la eutanasia apareció como la única solución para aliviar su dolor. "Menos mal que la ley no estaba aprobada, porque me veo a día de hoy la vida que tengo, y hubiera sido un gran fracaso terminar así", ha confesado.

Una infancia rota

El sufrimiento de Judith comenzó muy pronto. Su padre, adicto a las drogas y maltratador, abandonó a la familia, un hecho que le marcó profundamente. "Fue una infancia y una adolescencia marcada por mucho sufrimiento", explica. Durante años, se culpó a sí misma del abandono, una carga emocional que distorsionó su forma de relacionarse y su propia autoimagen.

En el colegio tampoco encontró un refugio, ya que sufrió acoso escolar. Ella lo atribuye a su dependencia emocional, una consecuencia de la "herida" de su padre. "Querer ser vista, querer ser querida", relata, la llevó a adoptar un rol de insistencia en sus relaciones que, como con su padre, a menudo tenía consecuencias negativas.

Un menor sufre el acoso en el ámbito escolar

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Imagen de recurso de una menor sufriendo acoso escolar

La espiral de la autodestrucción

La balanza interior de Judith "se descompensó a favor de la muerte" en la adolescencia, concretamente en el tramo de los 17 a los 19 años. Fue entonces cuando empezó a autolesionarse. Lo describe como una forma de castigarse, alimentada por un encuentro con su padre en el que él la culpó de todo. "Fueron una serie de acusaciones, o sea, hacia mí todas, y yo no supe gestionarlo", ha relatado.

A pesar de recibir ayuda psicológica intermitente desde los 12 años, a los 17 sintió que perdía el control y volvió a terapia y a ser medicada. Las crisis de ansiedad eran tan intensas que fue ingresada en un hospital de día. Justo un día antes de su caída, ingirió 20 lorazepanes y, al día siguiente, pidió ayuda a su psicóloga y psiquiatra. "Les pedí, por favor, ayuda, que me cambiaran el tratamiento, que me ingresaran, y vieron que eso no era lo que yo necesitaba", recuerda sobre el momento previo al "acto de desbordamiento".

Una nueva oportunidad

Tras el accidente, y a pesar de la oscuridad, apareció una luz. Una psicóloga del Institut Guttmann, el hospital de neurorrehabilitación, se convirtió en su "ángel". "Se hizo cargo de la situación, tuvo muchísima paciencia, mucho cariño, y la verdad que es un regalo que toda la vida estaré agradecida", afirma, destacando el contraste con experiencias "nefastas" anteriores.

Imagen de recurso de una mujer en un hospital

Alamy Stock Photo

Imagen de recurso de una mujer en un hospital

Hoy, Judith sigue tratándose psicológica y físicamente, pero con una perspectiva nueva. Está casada desde diciembre con un hombre que ha sido un pilar fundamental durante más de cinco años. "Él ha tenido la paciencia y el amor para ayudar a ese corazón roto a poco a poco irse construyendo", dice. Ahora, está embarazada, con la mínima medicación y aprendiendo a gestionar las dificultades de otra manera.

Su proceso de sanación continúa, como ella misma dice, está "edificando a la Judith de verdad", una construcción diaria. Su mensaje para quienes sufren es de empatía y esperanza: "El sufrimiento muchas veces puede parecer que no tiene ningún sentido, que es estéril, pero por mi experiencia, tantas veces ese sufrimiento ha dado fruto y ha edificado la gran mujer que a día de hoy soy, y que a día de hoy sigue construyéndose".

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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