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Mikel Lejarza: “A veces al tipo más buscado, no se le quiere encontrar”

Fernando Rueda y Mikel Lejarza escriben “Yo Confieso. 45 años de espía”

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 Mikel Lejarza y Fernando Rueda presentan el libro 'Yo confieso. 45 años de espía'

Bárbara Archilla
@babushkarchilla

Redactora de 'Herrera en COPE'

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:25

Mikel Lejarza dice que lo que cuenta en el libro no le va a gustar porque a los servicios de inteligencia no les gusta que se escriba nada y Fernando Rueda sabe de buena tinta que no ha gustado, porque “escribe los secretos de la policía y la guardia civil, de los errores de los servicios secretos.”

Su famosa operación del 75, la infiltración en ETA, fue un descalabro para la banda terrorista, pero Lejarza ha seguido trabajando. Aquel momento fue “peligroso en casa minuto y cada segundo. Era mucho más joven y ponía todo el corazón, y conseguí hacerlo bien”. Dice que no es ningún héroe ni ningún Rambo.

Con esta edad, ya ha asimilado lo difícil de su vida, y “que iba a arrastrar a otras personas”. Dice Rueda que además el propio servicio no se lo iba a poner fácil: “Mikel cada año cambiaba de identidad, y su mujer Mamen daba a luz y no sabían con qué nombre poner al padre, tuvo que poner madre soltera porque Mikel no tenía una identidad, y cuando la tuvo, se encuentra con que no puede conducir, cazar, lo que sea, a no ser que se examine de nuevo de todo”. Es precisamente la tercera voz del libro la que emociona, la de su mujer Mamen, que es importante según Rueda “porque ha sufrido y participado en operaciones, sacado de la depresión a Mikel, y protegido a sus hijos”.

Lejarza no tiene identidad pero “ahí está Hacienda para sacudirte fuerte y no hay oficina que te lo arregle”. Confiesa que el Servicio Secreto le ha ayudado en algún momento, pero en otros le han dejado tirado. “No eres nadie, no existes, pero para algunas cosas sí”.

Mide sus operaciones como un éxito, “por dar con las personas adecuadas” pero afirma que no es algo de lo que se pueda sentir orgulloso, porque ese sentimiento no existe para un agente encubierto. Para Fernando Rueda, la mejor operación fue lo que hizo en Cataluña, para desarticular Terra Lliure, y segundo la operación en Barcelona trabajando para el Conde de Godó. “El momento más critico que ha existido en las últimas décadas” añade.

Sobre el caso Villarejo, afirma Lejarza que “iba por libre pero siempre estaba respaldado”“Ha jugado con la guerra de los dossieres, que es un mundo de total delincuencia”. Encontrarse con un terrorista por cosas de casualidades, que le ocurrían continuamente, dice que “me hacen sentir mal”. Parece ironía, y por eso a veces tiene la sensación de que “al tipo más buscado, a veces no se le quiere encontrar”. Son las alcantarillas de dos mundos.

Le pregunta Carlos Herrera si un primo segundo se encontrase con él, si le conocería. El contesta con un nudo en la garganta: “No me reconocería, porque no puedo ver a mi familia, no puedo tener relación con ninguno de mis amigos, mis hermanas y primos, ni soñar”. Y eso sin contar con la amenaza de muerte que asegura “es de por vida”. Por eso va siempre armado: “mientras me sigan dando la licencia” “siempre por España”.

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