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Eugenio Manuel Fernández: “La educación se está relacionando constantemente con política”

Repasa alguna de las muertes de grandes científicos en “Eso no estaba en mi libro de historia de la ciencia”

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El profesor y divulgador nos presenta su libro “Eso no estaba en mi libro de Historia de la Ciencia”

Bárbara Archilla
@babushkarchilla

Redactora de 'Herrera en COPE'

@Babushkarchilla

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:45

Todo empezó cuando en las clases de preparación al parto le explicaron todo sobre aquello, pero como profesor que es, investigó quién la invento. Un médico militar español Fidel Pagés. Sería el principio de una investigación y una criba entre más de 400 muertes poco habituales de científicos.

Busqué muertes que no fueran típicas, ni propias de enfermedades de la época”. Encontró algunas ironías como que Karen Wetterah, experta en sustancias tóxicas muriera intoxicada por mercurio, tras traspasar unos guantes de látex. “Por arsénico morían muchas personas, sobre todo el que fuera taxidermista, hasta que se descubrió que era mortífero, y se prohibió”. Otra ironía de la vida, o de la muerte: Morir probando un invento como Franz Reichelt, que no era científico sino sastre, y que se tiró por Torre Eiffel para probar un paracaídas y dejó un agujero en el suelo de 15 cm. “Se obsesionó con probar su invento consigo mismo, y no funcionó”. O el caso de un ingeniero mecánico, enfermo de polio, que diseñó un sistema de poleas para poderse levantar fácilmente de la cama, y terminó estrangulado porque se acabó haciendo un lío con las cuerdas...

En el capítulo de suicidios hay de todo. La horca, químicos o el caso de un aracnólogo “que se inoculó el veneno de una araña y era muy doloroso”. Ala Turin descifró la máquina Enigma, gracias al cual se salvaron millones de vidas, pero él no tuvo suerte: “murió con una manzana envenenada de cianuro”. También hay accidentes como la caída de Zhong Wei Chen que se cayó por un séptimo piso cuando trataba de entrar en su casa… por la ventana. 

Eugenio Manuel Fernández, es físico, no frustrado y con vocación de educador. Por eso afirma que “la educación en nuestro país se está relacionando constantemente con política”. Y hablando de muertes ¿cómo moriría él? “Moriría de un atracón riéndose, después de una buena caída de Roma”.

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