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Sergio Barbosa: "El PSOE debería ser el primero en parar los pies a los que solo buscan la diferencia"

El presentador analiza la propuesta de Urkullu en materia autonómica y las últimas palabras de Puigdemont sobre su negociación con el PSOE

Sergio Barbosa

Sergio Barbosa

Periodista

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 11:27

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Ya está aquí septiembre, ya está aquí septiembre, después de un verano que ha sido tremendo. Un verano que se nos ha pasado volando, porque no hemos dejado de hacer cosas. Este septiembre promete ser un mes de 'alto voltaje' político. De hecho, septiembre amenaza con ser como aquel anuncio de las patatas deshidratadas, que decía aquello de "cuando haces pop, ya no hay stop" pues así, pero en “España plurinacional”.

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Porque si agosto ha sido el mes de “la digestión” (la digestión de los resultados electorales del 23 de julio) septiembre va a ser el mes de que aquí cada uno, a lo tonto a lo tonto vaya poniendo sus cartas sobre la mesa. Y, en ese sentido, las últimas horas han sido muy, muy significativas, Porque usted sólo tiene que hacer un ejercicio de memoria para acordarse de cómo estábamos hace solo un mes.

El “Uno de agosto” lo de “la posible amnistía” todavía era una idea que causaba demasiado estupor como para que la mayoría se la tomara como una posibilidad realmente seria.

Tú te preguntabas "¿serán capaces el PSOE y Sánchez de sacarse ahora de la manga una amnistía para Puigdemont y el resto de golpistas del 1 de octubre sólo porque, de repente, les pueda necesitar para seguir en Moncloa?" Y algunos decían "hombreeee dalo por hecho. Con Sánchez ponte en lo peor".

Pero es verdad que, a 1 de agosto, Sumar todavía no había montado su grupo de juristas, el PSOE todavía no había dicho “esta boca es mía” y, sobre todo, aquí quien y más y quien menos tenía todavía muy presente lo que el propio PSOE había dicho en la propia campaña electoral del 23 de julio y antes de eso también.

Es decir, que la amnistía no cabía en la Constitución y que, además, sería un exceso porque suponía olvidar los graves hechos ocurridos en 2017. Y que los indultos, pues mira “corre que te va” porque era solo perdonar, pero que la amnistía, además de perdonar, implicaba, de facto, que la propia Democracia pidiera perdón por haberse defendido del ataque al Estado de Derecho.

Bueno, pues solo ha pasado un mes y aquí ya no es que cunda la sensación de que la amnistía va para adelante, como los de Alicante. Ya no es que el PSOE reconozca que lo están mirando y que ministras como Margarita Robles no cierren la puerta a esa posibilidad hasta que puedan estudiar la propuesta de amnistía que finalmente se haga, es que la siguiente frontera, la del derecho a decidir, autodeterminación, consulta soberanista o como lo quieran llamar y vestir esa patata deshidratada ayer empezó a salir también del bote.

La propuesta de Urkullu sobre una España plurinacional

Sale Urkullu a decir que “lo de la España plurinacional”, (para que País Vasco, Cataluña y Galicia tengan más derecho a decidir) se puede hacer y encima sin tenerse que obligar a reformar la Constitución y coge el ministro Bolaños y dice que, bueno que todo es mirarlo y darle una vuelta

Pues ahí lo tienen. El gobierno en funciones ya se abre a debatir la propuesta sobre el modelo de estado plurinacional. Que es maravilloso Porque llega Feijóo y propone seis pactos de Estado a los que no se les puede poner una pega porque solo buscan mejorar el Estado de Bienestar, los servicios públicos y la igualdad entre los españoles

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Pero, en cambio, si sale Urkullu y dice que quiere ahondar en las diferencias entre territorios y, por tanto, en las diferencias entre españoles, en función del territorio en el que vivan, Y coge Bolaños y se deshace en elogios y cortesías.

A ver, desde luego, el español de pie que esté preocupado por la defensa del Estado de Derecho y por la igualdad real, y no de boquilla, entre españoles tiene el dilema estos días de o tomárselo con un poco de humor, por aquello de reír por no llorar o ponerse cada mañana aquí el TENSIÓMETRO en el brazo para controlar que no le sube demasiado la tensión arterial.

Pero vamos, que la realidad es la que es. Después de ibarretxes, de Zapateros, de Estatutos de Cataluña, de Unos de octubre, de esto y de lo otro resulta que cuando más metido estábamos en los problemas derivados de la pandemia, la guerra de Ucrania, la crisis de la inflación, la decadencia de la clase media, el cómo vamos a pagar las pensiones, el qué vamos a hacer con nuestros jóvenes llega el 23 de julio y vuelve a ponernos el debate territorial, delante de las narices.

Pero de una manera que jamás los nacionalistas y separatistas habían tenido semejante oportunidad con el balón en el área pequeña a puerta vacía para acabar con el régimen del 78 y todo lo que odian de ese régimen, que son los preceptos del café para todos, los preceptos que todavía les dificultan enterrar la idea de España como un país de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones.

Porque el artículo de Urkullu es para leérselo con detenimiento. Viene a decir que le molesta el café para todos, porque hizo que otras comunidades autónomas, que no eran históricas, tuvieran lo que tienen las supuestas históricas. Es decir, no esconde que les molesta que otros puedan tener lo mismo, les molesta que no se note que ellos están por encima.

Y critica al Tribunal Constitucional por haber intentado garantizar la igualdad entre españoles o que la España de las autonomías haya sido una descentralización administrativa y competencial sin que se haya descentralizado el poder judicial.

Ojo que están pidiendo que el Constitucional y el Supremo no tenga nada que decir en determinados territorios de España. Y esto es lo que el PSOE dice que se puede estudiar y que puede estar dentro de la Constitución, sin que haya que reformar la Constitución.

Y aquí, consigan desguazar o no lo consigan, nos impongan una España cuasi confederal o no lo consigan, pasarán los años y los politólogos seguirán estudiando cómo pudo ser que la izquierda españole se embarcase en semejante 'proyecto disgregador'.

Feijóo arropado por sus barones en Madrid

Eso es lo que hace de la izquierda española una anomalía dentro del panorama europeo. Y ahí es donde parece que Feijóo, consiga la investidura o no la consiga, pero se mantenga en la carrera por ser presidente en el futuro, va a querer incidir. En que sea el centro derecha el que levante la bandera de la defensa de la igualdad.

Lo decía Feijóo en un acto en el que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, llegó a decir que creerse a estas alturas que el PSOE puede tener sentido de Estado es un poco bisoño, pero, en todo caso, concluyó que Feijóo hace bien en explorar todas las vías y demostrar que si no hay acuerdo es porque la izquierda no quiere.

Ha sido escuchar que el gobierno se abre a estudiar lo de leer la Constitución de forma creativa para que País Vasco, Cataluña y Galicia se escapen ya definitivamente del resto del pelotón y el pelotón ha dicho que él también quiere lo suyo.

Así que ha salido el socialista Ximo Puig, que ya no es presidente valenciano, pero que sigue por ahí dando bandacicos diciendo que no se olviden de la terrera, que eso de no dar la Comunidad Valenciana lo que puedan obtener otras autonomías, que de eso nanai del peluquín. Y el andaluz Juanma Moreno también ha pedido respeto para Andalucía, que no es menos histórica que otros territorios.

Porque claro, habría que preguntarse qué es un territorio histórico o singular, ¿Usted por qué debe ser la última Coca-cola en el desierto? ¿Por qué tiene un idioma propio?

Muy bien, ahí tiene todas las leyes y toda la autonomía necesaria para que ese idioma pueda ser estudiado, usado, se emplee en la educación, se le inyecten cantidades ingentes de dinero, eso ya lo tienen.

"Sí, ya… pero es que, en función de esa identidad que nos da nuestro idioma, queremos gestionar también nuestros impuestos y que lo nuestro sea nuestro, pero que luego nosotros sí podamos meter la mano en el cazo de los demás…"

Ah, vale, entonces estamos hablando de otra cosa. Entonces estamos hablando de privilegios, estamos hablando de un concepto egoísta y en ocasiones etnicista que, repetimos, debería repeler a la izquierda.

De hecho, el PSOE debería ser el primero que pararle los pies a esas élites periféricas que sólo buscan el fetichismo de la diferencia en lugar del bien común.

Por cierto, el gallego Alfonso Rueda, del Partido Popular, ha tenido que nadar y guardar la ropa porque sin querer cerrar la puerta a una iniciativa, que dentro de la Constitución, dice, pueda beneficiar a su territorio, ha tenido que mostrar cierto pudor ante la idea de que los gallegos entraran en el grupo de privilegiados dejando al resto fuera.

Dice Rueda que, aunque esa reforma saliera adelante, Galicia haría lo posible para garantizar que los demás españoles no se quedaran atrás. Para que vean ustedes lo enrevesado del jardín en el que nos están metiendo.

Las intenciones de Puigdemont

En ese capítulo, la novedad está en que Carles Puigdemont ha negado que esté negociando con nadie la amnistía, porque, en realidad, sólo están en fase de diálogo. Y que una cosa es dialogar y la otra es negociar. Y que negociar, se va a negociar sobre la propuesta de amnistía, negro sobre blanco, que presentará en Bruselas el próximo martes.

Así que ese día saldremos de dudas sobre el verdadero alcance de la amnistía que se está cocinando. Y ya el PSOE tendrá que mojarse.

Ayer, como decimos, Margarita Robles, en este programa, no quiso cerrar la puerta a la amnistía, así como concepto en general (que es algo que sí descartaban hasta ahora) y se refugió en la idea de que para decir si algo es legal o no hay que ver el papelito. Pues el papelito lo vamos a conocer más pronto que tarde en este mes de septiembre que, efectivamente, se presenta con alto voltaje político.

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