

"Si Óscar Puente hubiera dedicado más tiempo a la gestión y menos a los tuits, los usuarios no tendríamos que padecer los problemas de estos días"
El director de 'Herrera en COPE' analiza la actualidad que marca la jornada de este miércoles
- 6 min lectura | 9:58 min escucha
Señoras, señores, me alegro. Buenos días. Es miércoles, 4 de febrero del 2026. Son las 8 de la mañana, las 7 en Canarias.
Hoy dedicamos en COPE una acción especial a las ciberestafas y va a ser muy interesante, a lo largo del día, ver qué nos cuentan Pilar Cisneros desde Murcia, García de la Granja en Toledo, García Muñiz en Valladolid, Alberto en Sevilla, hablando de algunos casos concretos de ciberestafas que van a ser muy aleccionadores y de los que espero que tomemos todos buena nota.
Sigue lloviendo. Tenemos por delante un día muy complicado. La borrasca Leonardo en el sur, un frente atlántico en el norte, la península aprisionada en lluvia, viento y nieve, con doce comunidades autónomas en alerta. En Andalucía estamos en alerta roja por lluvias intensas y persistentes, lo que ha obligado a suspender las clases en todos los colegios, menos en Almería.
La UME también está en situación de prealerta ante el riesgo de incidencias, corrimientos de tierra… Hay que vigilar los embalses y va a ser un día muy complicado para circular, porque la nieve y las inundaciones han provocado el corte de una cuarentena de carreteras en la red secundaria y están condicionando la red principal. O sea, si hay que ponerse al volante, consultemos la página de la DGT.
Claro, si las carreteras están complicadas, los barcos están complicados y los trenes… pues no esperen ustedes grandes milagros a corto plazo. Por ejemplo, Andalucía está casi incomunicada con el resto de la península por tren, sin que esto se vaya a solucionar rápido.
Ayer Óscar Puente compareció en el Congreso y fue incapaz de comprometer una fecha para reanudar el servicio normal con Andalucía. Cercanías en Cataluña va a ser otro día como los dos últimos.
Ya hemos encontrado al enemigo. Yo no sé cómo no nos habíamos dado cuenta antes: esto es el cambio climático. Pero lo dijo Puente.
Bueno, eso, o sea, la culpa la tiene el gobierno del Partido Popular, claro. Rajoy, que gobernó hace siete años y medio. Y, por supuesto, el cambio climático. Recortes en tiempos del Partido Popular.
Sí, sí, claro. Rajoy no pudo invertir en determinadas cosas porque bastante tuvo con evitar la bancarrota de España y que los ahorradores perdieran el dinero de sus depósitos, porque el amiguito Rodríguez Zapatero dejó un déficit del 11,5%. Y hasta tuvieron que empezar subiendo impuestos, recuerden.
O sea, un gobierno que lleva siete años en el poder, que tiene récord de recaudación fiscal, récord de aumento de deuda, récord de fondos europeos, tiene el cuajo de culpar a los gobiernos anteriores y, por supuesto, a ese comodín de distracción masiva que es el cambio climático.
Después de siete años de gestión no hay más herencia, de verdad, que la que uno mismo se ha labrado. Y este caos es de principio a fin responsabilidad de este gobierno, porque si Óscar Puente hubiera dedicado más tiempo a la gestión y menos a los tuits, los usuarios del ferrocarril no tendríamos que padecer los problemas de estos días.
Hablando de Zapatero, ha abierto la boca. Desmintió ayer tajantemente haber realizado mediación alguna para el rescate de la compañía Plus Ultra. Defendió la legalidad de los honorarios que ha cobrado durante estos años de la empresa Análisis Relevante. Y también que las hijas del expresidente facturan servicios a esa misma empresa, a pesar de que carecía de empleados y apenas tenía actividad conocida.
Pero bueno. Y ayer, el decreto de pensiones y desahucios. La mayoría reconstruida que estaba armando Sánchez parece que no la tiene tan sólida, porque el Gobierno aprobó ayer —ahora tiene que llevarlo a las Cortes— el nuevo decreto de revalorización de pensiones que no quiso aprobar hace días en una de las operaciones más absurdas que se recuerdan en la política española.
Sánchez se empeñó en forzar una derrota para culpar de ello al Partido Popular. Se le vio hasta el reloj con el que grabó el vídeo de TikTok diciendo “lo han vuelto a hacer”, grabado antes de la votación. Lo único que ha conseguido es afianzar una imagen de frivolidad y de jugar políticamente con la tranquilidad de los pensionistas.
Mezclar las pensiones con un batiburrillo de temas ya lo intentó el año pasado y el Congreso se lo tumbó. Le dijeron: “No lo vuelvas a hacer”. Pues lo hizo y ahora ha tenido que rectificar.
La revalorización saldrá adelante, pero no parece que el famoso escudo social vaya a ser aprobado, porque de nuevo se rompen las costuras de esa mayoría de investidura. La clave está en una nueva extensión de la prohibición de los desahucios. Sumar lo exige. El PNV lo ha negociado con alguna pequeña modificación. Podemos dice que eso solo sirve para proteger a caseros que tienen una vivienda, y que eso resulta criminal.
Están en contra de que alguien tenga una vivienda teniendo, como tienen los líderes de Podemos, un casoplón. Pero bueno, criminal, ya lo han oído. Y Junts ya ha adelantado que posiblemente votará en contra. O sea, que saldrán las pensiones, pero nada más.
Todo esto pasa por la sencilla razón de que este gobierno no ha sido capaz de aprobar los presupuestos y lleva tres años incumpliendo el mandato constitucional.
Y tenemos nueva arma de distracción masiva. Este gobierno, que quiere hacer ver que gobierna, siempre necesita temas paralelos que encabronen un poco a la población. Cuando no es el año de Franco es Eurovisión; cuando no es Gaza, es una bronca con Elon Musk; cuando no es meterse con Trump… armas de distracción masiva.
Y hay una nueva: la prohibición de que los chavales accedan a redes sociales. Chavales, niños. ¿Hay razones para plantear esa prohibición? Seguramente sí. Es un debate global que se abre en todo el mundo.
Pero la escalada de los problemas de salud mental entre adolescentes y jóvenes no fue la razón que mencionó ayer Pedro Sánchez para justificar la medida que anunció de manera inopinada. Como siempre, no hace las cosas para favorecer a alguien, sino para perjudicar a alguien. No busca consensos, busca nuevas batallas. Una batalla con Trump, con Elon Musk.
Menudo subidón ha tenido con eso de que Elon Musk le llame “sucio Sánchez” o algo parecido. Ya tiene confrontación.
Ayer Sánchez no habló de salud mental juvenil, sino del control de los algoritmos, de los contenidos de las redes, de la responsabilidad de los propietarios, de su concepción ideológica de las redes como quintaesencia del mal, como salvaje oeste. Bueno, él está haciendo en esas redes bastantes cosas.
Lo que no ha sabido explicar nadie del gobierno es cómo se puede desarrollar y hacer efectiva esa prohibición. No es fácil ponerle puertas al campo. Es particularmente complicado.
La técnica del scroll infinito sigue la misma lógica que las máquinas tragaperras: foco de atención muy corto, gratificación muy breve que te incita a repetir una y otra vez. Ves un vídeo corto en TikTok, haces el dedito hacia arriba; en Instagram pasa igual, y ves otro, y otro, y otro, y te puedes pasar horas.
Esto no son reflexiones de Kierkegaard ni novelas de Faulkner. Esto ha llevado a muchos países, dentro y fuera de la Unión Europea, a poner límites.
Si Sánchez quiere regularlas, hay mucha gente que automáticamente piensa que su hijo de ocho años debe navegar libremente por cualquier red social, y eso no es lo más sensato. Pero también es cierto que la patria potestad, el deber y el derecho de los padres a educar a sus hijos, prima sobre lo que entienda el gobernante de turno.
Y no es un problema de quien usa las redes sociales, sino de quien emite en ellas.



