Luis del Val: "Sánchez quiere tener una cooperativa de esposas para poder gobernar"

El profesor Del Val no entiende por qué los sindicatos han tenido que visitar a Junqueras en la cárcel

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:03

Tengo la impresión de que al sindicalismo le está sucediendo algo parecido a lo que me sucedió a mí cuando tuve que pasar de la máquina de escribir al ordenador. Conste que siempre afirmo que si no existieran sindicatos habría que inventarlos, deprisa y corriendo, porque los empresarios no necesitan asambleas a mano alzada para llegar a la conclusión de que, si pueden lograr empleados baratos, mejor que contratarlo caros.

Pero los sindicatos parecen anclados en los esquemas de aquellos tiempos de la Perkins y los compañeros del metal, y prueba de ello es que observaron con evidente desprecio la llegada de los cajeros automáticos a los bancos, paso previo a poder hacer una transferencia desde el teléfono, y que ha echado a la calle a decenas de miles de trabajadores, y todavía no se ha terminado. 

Verlos acudir a la cárcel de Lledoners te produce una impresión extraña, algo así como si el presidente de los empresarios fuera a visitar a Mario Conde, cuando estaba en la cárcel, mientras el PP intentaba formar gobierno. No sé. Hay que llevar a cabo un gran esfuerzo de imaginación para imaginarte a Oriol Junqueras de novia, con tul blanco, pero también cuesta creer que los líderes de UGT y Comisiones Obreras se ofrezcan de damas de honor para la boda con el Tito Sánchez, que tiene fama de playboy, y ya coqueteó y dejó en la estacada a Podemos.

Tito Sánchez, más que casarse, quiere tener una cooperativa de esposas para poder gobernar, y tendría que hablar con un musulmán práctico para que le explicara los problemas derivados de la poligamia. A no ser, claro, que los sindicatos estén de prácticas de visitas carcelarias, y se estén entrenando cuando tengan que llevarles tabaco a los gerifaltes sindicales de Andalucía, que desviaron 40 millones de euros con destino a los parados. Ya decía un pragmático que el dinero había que dárselo a los ricos, porque los pobres se lo gastan en cualquier cosa. Los sindicatos andaluces, siguiendo esa premisa, dispusieron que mejor que darles el dinero a los parados era dejar que el sindicato lo distribuyera, que para eso son profesionales -no profesionales del desvío de dinero, no- sino profesionales en cómo repartir las subvenciones. 

También puede ser que la visita se inscribiera en la preocupación por las cinco mil empresas que ya no pagan el impuesto de sociedades en Cataluña, pero eso parece que se va a arreglar subiendo el salario mínimo. Si dices que la última subida del salario mínimo ha llevado a más 13.000 empleadas domésticas al empleo clandestino, y al fraude a la seguridad social, te acusarán de vendido al capitalismo, pronunciando capitalismo con ese asco que producen los alimentos en estado de semi- descomposición.

Una de las últimas frases que me dejó asombrado del más alto dirigente de CCOO fue aquella de “Si no hay dinero, se pinta”, revolucionaria consigna que podría cambiar el mundo, y que ya se ha ensayado con inflaciones que acaban en la ruina. Pero Pedro Sánchez se casará, todavía no sé con quién, porque ya está como la tía de Gila, dispuesta a quedarse con la que sea. Además, para entonces, ya se habrán marchado los pesados del clima y podrá volver a contaminar con el Falcon.

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