Luis del Val: "No hay un líder en toda Europa como este presidente que, seguramente, no nos merecemos"

El colaborador ha analizado la "contundente" intervención de Adriana Lastra en el Congreso y la gestión de la crisis del coronavirus por parte del Gobierno

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:38

Ayer era el día del Amor Fraterno, pero los ujieres del Congreso de los Diputados, cumpliendo órdenes de sus superiores, no le dejaron entrar. Mi ingenuidad me había llevado a pensar que habría un cambio de talante, y que sobre la estremecedora pirámide de 15.000 muertos, existiría una actitud diferente, pero tras la intervención de la portavoz del PSOE comprobé que mi ingenuidad era peligrosa, y observé la realidad sin prejuicios. La realidad es que todos comenzaban invocando a los muertos, con una piedad recurrente y, a continuación, sacaban las dagas para asestarse puñaladas dialécticas.  Es algo así como si el stripters, macho o hembra, invocara su preocupación por la castidad, y, tras esos breves segundos, comenzara a desnudarse adoptando posturas eróticas y lujuriosas.

Tras la intervención contundente de Adriana Lastra, cuidadosamente preparada para volar cualquier acuerdo con el PP, me acordé de un libro publicado en 1936 en Estados Unidos. Se han vendido más 16 millones de ejemplares en todo el mundo y se sigue vendiendo. El libro se titula “Cómo ganas amigos y triunfar en los negocios”, y algunas de sus atinadas observaciones se siguen impartiendo en los cursos de marketing. Lo leí casi treinta años después de que saliera a la luz, y lo cierto es que me sorprendieron algunas de sus pragmáticas observaciones. Estuvo tan de moda, que se contaba que un ciudadano entraba a una librería y preguntaba si tenía el libro “Cómo ganar amigos”. El librero contestaba que sí, que se estaba vendiendo mucho, y el cliente le azuzaba con esta airada petición: “¡Pues tráigamelo deprisa, cabeza de huevo!”.

Luis del Val, sobre Pedro Sánchez

El presidente pidió unidad, lealtad, compromiso para ir todos juntos y, cuando la portavoz del PSOE subió a la tribuna a desgranar obedientemente las consignas del Gobierno, al hipotético firmante del futuro acuerdo le llamó algo más que cabeza de huevo.

Para completar el panorama el presidente nos dijo que su gestión había sido la mejor de Europa, y que todo iba bien. Todo iba tan bien, que se pedía la prolongación del estado de alarma, y, además, como ya se veía que las cosas mejoraban, anunció que a la prórroga de la alarma seguiría otro estado de alarma. Es un alivio que vayan las cosas tan bien; si llegan a ir solo algo regular, igual nos anuncia que las Navidades las tendremos que pasar en las casas en que ahora nos encontramos, recordando a algún familiar muerto por coronavirus. A continuación, anunció que ya se habían pactado con los empresarios las medidas económicas que se iban a tomar, cosa que los empresarios desmintieron, seguramente un lapsus del presidente que mejor gestiona de Europa. También dijo que continuaban llegando aviones provistos con cientos de miles de mascarillas. Ayer, por la tarde, animado por las palabras del Presidente, salí a visitar las tres farmacias que tengo al lado de casa para comprar dos mascarillas. He ido ya en siete ocasiones y me volvieron a decir que no tienen. Debe ser Pablo Casado, el líder del PP, el que está impidiendo que lleguen a las farmacias. Adriana Lastra nos lo explicará con detalles. O puede que sea Rajoy. Alguna explicación tiene que haber, porque no hay un líder en toda Europa como este presidente que, seguramente, no nos merecemos.

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