

“Presentar presupuestos anualmente no es una opción, es una obligación constitucional. Sánchez lleva tres años vulnerando la Constitución”
El análisis de la actualidad, en el monólogo de Jorge Bustos de este viernes 29 de agosto de 2025
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Buenos días y bienvenido al amanecer de este viernes 29 de agosto.
Los españoles hemos mirado siempre a Francia con admiración o con inquina, pero nunca con indiferencia. Todos podemos jugar al juego de decir cosas que se nos ocurren cuando pensamos en Francia. País vecino. Dos de mayo.
Energúmenos tirando nuestra fruta. Cuna de la revolución. Cuna de la reacción también. Víctor Hugo, claro. Kylian Mbappé, por supuesto. Absolutismo, Ilustración, cruasán, guillotina, Gioconda, cine de culto, bodegas centenarias, pret a porter, catedral de Notre Dame. Y sobre todo amor propio: un orgullo de país que allí comparten por igual la izquierda y la derecha, por ejemplo cuando cantan al unísono la
Marsellesa. ¿Chovinismo? Puede ser. Pero qué envidia que allí el patriotismo no se ponga por defecto bajo sospecha.
Bueno, pues ese país, que es uno de los rostros más bellos de la civilización occidental, siempre ha tenido una obsesión con el Estado. Desde los tiempos de Luis XIV, de hecho. En Francia el liberalismo suena casi a blasfemia. Por eso grandes liberales como Jean François Revel predicaban en el desierto, aunque sin perder el buen humor. Pongamos que surge un gobernante responsable –o sea uno que piensa en las próximas generaciones y no solo en las próximas elecciones- y toma conciencia de la hipertrofia insostenible del Estado francés; si este héroe se propone someter ese Estado elefantiásico a una saludable liposucción, se topará con barricadas a izquierda y derecha. Y eso es justamente lo que le está pasando al primer ministro de Francia, que se llama François Bayrou. Y es una pena que lo vayan a echar ahora que hemos aprendido a pronunciar su nombre.
A ver, igual no le echan. Ojalá que no. Pero el caso es que ha decidido someterse voluntariamente a una cuestión de confianza el 8 de septiembre. ¿Por qué? Pues porque sabe que su país tiene un serio problema de deuda pública.
Ahora está en el 114% del PIB, es la tercera más alta de la UE después de Grecia e Italia. Nosotros no estamos muy lejos, por cierto. Bueno, pues para soltar lastre, el primer ministro francés ha presentado unos presupuestos bastante austeros para 2026, con los que espera ahorrar 44.000 millones de euros a las arcas del Estado.
O sea, al bolsillo de los contribuyentes. Y ya metido en el papel de reformista temerario, ha propuesto además eliminar dos días festivos. Y esto es lo que ha cabreado definitivamente a los franceses. Así que lo probable es que el bueno de Bayrou no supere la cuestión de confianza; porque la izquierda cree que la deuda es de chicle y que el dinero público no es de nadie; y porque la extrema derecha no quiere dar oxígeno a Macron ahora que aspira a sucederle. Si se cumplen los pronósticos y Bayrou cae, el presidente tendrá que escoger a su quinto primer ministro en dos años.
Te cuento todo esto para que veas la diferencia entre tomarse en serio los presupuestos generales de tu Estado… o hacer como Pedro Sánchez. Bueno, en realidad hubo un Pedro Sánchez que se los tomaba muy en serio:
Coche sin gasolina, decía Pedro en aquel 2018. Supongo que no se refería al Peugeot que compartía con Koldo, Ábalos y Cerdán. Marca francesa, por cierto. Pero es lo único francés que ha tenido Pedro, me temo. Porque llevamos tres años sin presupuestos. Y presentar presupuestos anualmente no es una opción: es una obligación constitucional. Es decir, el presidente del Gobierno lleva tres años vulnerando la Constitución. ¿Te acuerdas la turra que dio con la renovación del CGPJ, acusando mañana, tarde y noche al PP de incumplir la Constitución? Bueno, al final el Consejo se renovó, pero presupuestos no tenemos.
Vivimos de una prórroga desfasada de unas cuentas de otra legislatura, de otro Parlamento, de otras elecciones generales. Y por eso España está paralizada. No hay planes, no hay diseño de políticas a medio plazo porque no hay modo de financiarlas.
Tampoco podemos hacer frente como se debería a ninguna contingencia, como un plan serio de prevención de incendios, porque el Gobierno tiene que ir rapiñando el sobrante de otras partidas para tapar agujeros, que es lo que ha hecho para alcanzar el 2% del gasto militar que nos pedía la OTAN.
No hay dinero para mucho más que un limosneo de supervivencia. Y un aparentar que se gobierna sin gobernar.
a vueltas con la mili
Por cierto. Margarita Robles es la ministra de Defensa que más ha aumentado el presupuesto militar en las últimas décadas. Pero de momento lo de la mili no lo ve por razones geográficas. Dice que es normal que los alemanes recuperen la mili porque sienten la amenaza muy cerca, pero que nosotros estamos más alejados y que, por eso, no necesitamos mili.
Pero al mismo tiempo dice que no tiene sentido engañarse pensando que, por el hecho de que estemos unos kilómetros más al oeste, no estemos amenazados. Pero al mismo tiempo reitera que nosotros no vamos a tener mili, a pesar de estar amenazados como el resto de europeos.
¿Por qué doña Margarita parece argumentar una cosa y la contraria? Pues porque la OTAN la está escuchando. Y en este club, que se está rearmando, cualquier argumento que suene a desmarque de tus aliados puede sonar a ofensa o a enmienda. O a tener mucha jeta para que te paguen la defensa los demás.
Hace una semana le preguntaron a la ministra de Hacienda si pensaba presentar de una vez unos presupuestos. Y mira que a veces es difícil entender a María Jesús Montero: no por su acento sino por su sintaxis. Bueno, pues esta vez se le entendió todo. Señora ministra, ¿va a cumplir usted por fin con su deber constitucional de presentar unas cuentas públicas para 2026?
Gracias, ministra. Pues entonces debería estar todo claro. Ahora que nos digan el calendario para elaborar el techo de gasto, para votarlo y para fijar después la fecha final del debate presupuestario. ¿Veremos este otoño esta secuencia de acontecimientos? Pues la compañera de gabinete de doña Montero, y ministra portavoz del Gobierno, no parecía tenerlo del todo claro esta semana.
Hemos pasado del “rotundamente sí” de María Jesús Montero a parafrasear al Cholo Simeone en una semana. Repetir lo del “partido a partido” suena ya a intento desesperado de quitarse presión. Y en un equipo de fútbol, todavía. Pero es que un Gobierno no puede vivir al día. Se supone que un Gobierno tiene un plan que va más allá de llegar vivo al domingo que viene.
En su columna de El Confidencial, Ramón González Férriz rescata los últimos ejemplos de responsabilidad política que han dado las democracias de nuestro entorno en lo tocante a la cuestión presupuestaria. Bayrou está dispuesto a renunciar al cargo si no logra aprobar la ley central de su política.
responsabilidad política
El ex canciller alemán Olaf Scholz echó al ministro de Finanzas de su coalición por apartarse de lo prometido en su programa electoral, se sometió a una moción de confianza sabiendo que la perdería y anticipó elecciones anticipadas, también sabiendo que las perdería.
Ahora gobierna Merz. Los tories británicos echaron a su propia primera ministra, Liz Truss, porque presentó un presupuesto austericida que hasta los mercados rechazaron porque proponía una combinación inviable de más gasto con menos impuestos.
Y Mario Draghi renunció al cargo de primer ministro italiano porque uno de los partidos de su coalición se negó a apoyar su paquete de medidas económicas.
Todo esto se llama coherencia. Se llama responsabilidad política. Y se llama también vergüenza torera. Cuando no tienes presupuestos, que es la ley medular de tu proyecto político, te vas a tu casa y convocas al pueblo a pronunciarse en las urnas. Y ojo, no descartemos que finalmente ese sea el plan.
Acabar presentando una lista a los Reyes Magos sabiendo que Podemos, Junts, PP y Vox no la apoyarán, y usar esa derrota parlamentaria como trampolín para victimizarse. Y para tratar de levantar un relato que reparta las culpas entre el obstruccionismo de la derecha y el resentimiento de Podemos, a ver si cuela.
Sánchez ya lo hizo una vez en 2019 aprovechando la famosa foto de Colón y el voto en contra de Esquerra al techo de gasto. Eran otros tiempos y eran otras encuestas, claro. Pero no se me ocurre otra salida digna para este coche sin gasolina llamado sanchismo.
La otra opción, la menos digna, es que renuncie a salir de su laberinto. Que se encierre en el búnker hasta que lo saquen los españoles en 2027. Que es exactamente lo que está haciendo.