Ana Velasco, historiadora: "Cuatro meses después de descubrir la tumba de Tutankamón, a Lord Carnarvon le picó un mosquito, y mientras se afeitaba se cortó la herida y murió de septicemia"
La historiadora Ana Velasco desvela en 'Herrera en COPE' los secretos de la leyenda que rodeó el hallazgo de Howard Carter y Lord Carnarvon, y que fascinó al mundo con sus muertes
La historiadora Ana Velasco, en COPE
Publicado el
3 min lectura
En 'Curiosidades de la Historia', con Alberto Herrera, la historiadora y experta en Historia del Arte Ana Velasco ha profundizado en una de las leyendas más famosas: la supuesta maldición de Tutankamón. Partiendo de la célebre frase 'Veo cosas maravillosas', pronunciada por Howard Carter al descubrir la tumba, Velasco ha desgranado los hechos que convirtieron este hallazgo arqueológico en un fenómeno mundial.
ESCUCHA LA SECCIÓN COMPLETA
Las maldiciones faraónicas y la tumba de Tutankamón | Curiosidades de la Historia
El 26 de noviembre de 1922, en el Valle de los Reyes, el arqueólogo Howard Carter y su mecenas, Lord Carnarvon, abrieron por primera vez la tumba del faraón. Carnarvon, un noble inglés que se había trasladado a Egipto por problemas de salud, financió la excavación, mientras que Carter, un dibujante y arqueólogo con gran reputación, era el asalariado al frente del proyecto.
El origen de la leyenda: la muerte de Lord Carnarvon
La leyenda de la maldición se desató cuatro meses después del descubrimiento, con la muerte de Lord Carnarvon. El noble falleció a causa de una septicemia, provocada por la picadura de un mosquito que se infectó al afeitarse. Aunque Carnarvon ya padecía un delicado estado de salud, su muerte fue el catalizador que dio rienda suelta a las especulaciones en la prensa.
A este fallecimiento le siguieron otros que alimentaron el misterio. Arthur Mace, que dio el último golpe al muro de la cámara real, murió sin explicación médica poco después. También fallecieron el radiólogo que examinó la momia, la secretaria de Carter —de un ataque al corazón, tras lo cual su padre se suicidó— y un profesor canadiense que estudió la tumba. Los periódicos de la época no dudaron en explotar estos sucesos para vender ejemplares.
Vista aérea de la zona de las tumbas de Ramsés VI y Tutankamón
La fascinación por lo oculto llevó a personalidades como Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, a apoyar la teoría de la maldición. Velasco explica que Conan Doyle, muy aficionado al espiritismo, sugirió que los egipcios podrían haber usado una especie de moho venenoso como trampa para los saqueadores de tumbas.
Pese al revuelo mediático, la historiadora Ana Velasco aclara que no parece existir ninguna evidencia de una maldición escrita. Se extendió el rumor de que un fragmento de cerámica alertaba de que la muerte rozaría a quien profanara el descanso del faraón, pero Howard Carter, que dedicó diez años a catalogar los casi 5.000 objetos de la tumba, nunca encontró dicha inscripción. De hecho, Carter siempre consideró la leyenda un disparate y se citaba a sí mismo como prueba: "soy la prueba viviente de que la maldición del faraón es una tontería".
El verdadero origen: un cuento de fantasmas egipcio
Según Ana Velasco, la raíz de la leyenda podría ser mucho más antigua y estar en las propias creencias egipcias. A finales del siglo XIX se descubrió un antiguo relato conocido como 'Un cuento de fantasmas', escrito en fragmentos de cerámica. Este hallazgo demuestra que los propios egipcios creían en la posibilidad de que los espíritus interactuaran con los vivos.
El cuento narra la historia de un fantasma que se le aparece a un hombre en la necrópolis de Tebas. El espíritu, que había sido un funcionario, le explica que no puede descansar porque su tumba ha sido destruida. "Su tumba ha sido destruida, y entonces no puede tener el descanso eterno", lamenta el espectro. El protagonista decide entonces restaurar el sepulcro para devolverle la paz, un acto que refleja la importancia del descanso eterno en su cultura.
El sarcófago de Tutankamón en el Museo Egipcio de Antigüedades, El Cairo, Egipto.
Esta historia ancestral presenta un claro paralelismo con el caso de Tutankamón, donde se interrumpe el descanso de un faraón. Velasco concluye que, irónicamente, Howard Carter tenía razón al no temer a la maldición. Gracias a su descubrimiento, el nombre de Tutankamón, un faraón menor y casi olvidado, ha alcanzado la inmortalidad, cumpliendo así el mayor deseo de los monarcas del Antiguo Egipto.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.