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El pintor ciego: “Perder la vista no me hizo desgraciado, soy muy feliz y seguiré pintando”

Ataulfo Casado tiene 74 años y es pintor, pero es ciego… sin duda algo sorprendente que ha explicado en Fin de Semana con Cristina

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 13:33

Nos gusta romper los cánones establecidos en Fin de Semana, buscar historias extraordinarias, y si son de superación, pues tanto mejor. Esta deja sorprendido a cualquiera: ¿te imaginas dedicarte a pintar profesionalmente pero tener un impedimento tan grande como ser ciego? Suena imposible, pero para el ser humano la capacidad de superación siempre es sorprendente.

Pues así es: Ataulfo Casado es un pintor de 74 años que tiene en su currículum algo inaudito: fue el copista más joven del Museo del Prado. Ha estado en Fin de Semana con Cristina donde ha asegurado, con muy buen humor, que se encuentra “como habitualmente” está, “hecho un trapo”.

“Yo vi hasta los 43 años, hace ya 40 años y un mes. Cumplía el 14 de enero y el 14 de febrero me dijeron que tenía retinosis pigmentaria, miré el reloj, vi que eran las 11:58 y, cuando levanté la vista del reloj ya veía borroso”, relata Ataulfo.

Para un pintor una pérdida como esa debería ser trágica, pero él piensa todo lo contrario: “No lo es, la palabra trágica no cabe y es por una razón: a mí no me resultó trágica la idea de ver gris y borroso, pero sí me preocupó que caminaba con mi madre y tener que decirla que me había comenzado la ceguera porque sabía que le iba a doler. Ella me dijo ‘no te puedes quedar ciego hijo’, pero yo le respondí que cualquiera se podía quedar así, no es cuestión de querer o no querer, te pasa y punto”.

A los tres años los Reyes Magos le trajeron lápices de color, con 11 años sus maestros reconocieron que no podían enseñarle nada y con 14 aprobó la oposición a la pinacoteca. Luego fue el copista más joven de uno de los museos de arte más importantes de España, así que la pregunta es evidente: ¿a qué se dedica un pintor que no puede pintar? “Me esperé alrededor de 9 o 10 sin pintar, y un día, el 12 de octubre, me pregunté qué podía pintar siendo ciego, y de repente aparecieron en mi memoria imágenes de mi niñez, cuadros que había pintado… una catarata de formas, colores y recuerdos con cariño. Ahí me dije ‘voy a llamar a un amigo pintor’ para que me comprase unas maderas para pintar, me las trajera, unos colores y, cuando me los trajo, le dije que se fuera, que me dejara pintar, y la vuelta, sin preocupación o pudor por ser ciego, me dijera si seguía o no. Cuando llegó dijo ‘¡Anda, qué bueno lo que estás pintando, sigue!’, así que seguí y seguí y sigo siguiendo”.

Sus cuadros siguen teniendo unos colores vivos, lo que resulta sorprendente y él mismo lo reconoce: “Me sigo preguntando cómo es posible que un ciego pueda pintar. Sí sé que utilizo vasos de usar y tirar, que alguien tiene que ayudarme a ponerme una cucharada de postre o de sopa o café de tal color, yo le voy diciendo y luego ya me da el vaso, la brocha o cincel y me pongo a pintar el lienzo, pero me pregunto cómo es posible. Eso sí, sin ayuda no puedo, me ayuda una señorita, Sandra, que lo hace muy bien y me va guiando”.

Ataulfo, además, trabaja con la ventana abierta y no le importa el bullicio de la calle, de hecho asegura que puede “sintonizar con el estado de la gente y la situación social”: “La época la veo muy oscura, de hecho estoy pintando nubarrones de lluvia y charcos de agua. No sabría decir por qué, pero la ventana abierta me permite escuchar la voz de los niños y me produce una enorme ternura, son espontáneos y sinceros, uno se llama Pedro y la otra contesta, eso me llena el alma de alegría. Una de las cosas que siempre he pensado es que nada que pase en este mundo te debe amargar. La ceguera no me amargó sino todo lo contrario, estoy muy contento, soy feliz”.

El confinamiento, además, no le ha afectado “para nada”: “Creo que la vida continúa, este virus es una cosa que tengo mi propia explicación, con lo que no me afecta. No tengo ni claustrofobia ni he dejado de dormir. En esta vida hay que saber desprenderse de las cosas que no son imprescindibles. En su momento lo eran pero luego pasan a segundo plano o a tercero o décimo. Creo que hay una cosa importantísima: ser siempre optimistas, la alegría siempre es mejor, y las bromas son imprescindibles en el ser humano. Y ser muy observador”.

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