Programa - Fin de Semana

Fin de Semana

Con Cristina López Schlichting

Sábados y domingos de 10:00h a 14:00h

'Fin de Semana'

Carlos González: "Doy fe de que fuimos a la Luna, señor Casillas..."

El 21 de julio de 1969, Carlos González escuchaba a Armstrong antes de que lo hiciera Houston y a Houston antes de que Armstrong recibiera sus indicaciones

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 14:36

En 'Fin de Semana', Carlos González cuenta que asumió una de las grandes responsabilidades de la carrera espacial en julio de 1969: controlar las comunicaciones del Apolo XI desde la base de operaciones de Robledo de Chavela (Madrid), en España.

La misión espacial tripulada Apolo XI que proyectó y desarrolló EE.UU. se envió el 16 de julio de 1969, pero no se llegaría a la superficie de la Luna hasta el 20 de julio. Un día después, los astronautas Neil Armstrong y Edwin E. Aldrin consiguieron caminar y explorar la Luna. Impulsado por el cohete Saturno V desde la plataforma LC 39A, el Apolo XI se lanzó desde Cabo Kennedy y la misión oficialmente se llamó AS-506.

Alunizaron el 21 de julio y estuvieron durante 21 horas, 36 minutos y 20 segundos. Ese es el tiempo que duró el gran paso para la humanidad en la superficie lunar que fue retransmitido a todo el planeta. Las instalaciones del MDSCC en Robledo de Chavela, pertenecientes a la Red del Espacio Profundo fueron el apoyo imprescindible durante todo el viaje de ida y vuelta. En esas instalaciones estuvo trabajando ininterrumpidamente Carlos González y a su cargo un gran equipo humano con todos los sentidos a punto para que nada fallara en la misión que ahora cumple medio siglo de historia.

Cuando Carlos González describe cronológicamente cada uno de los pasos que nos llevaron a la Luna, surgen dos sensaciones. Una, la que hace creer que todo estaba controlado -lo estaba, aunque no todo -. Y la segunda sensación es la que tira de ironía para cotidianizar un momento con tanta relevancia histórica, como el hecho de que el primer contacto humano real con la superficie lunar no fuera la pisada de los astronautas, sino un pequeño contenedor del módulo lunar que se lanzó horas antes por la escotilla. Ese contenedor almacenaba una bolsa con los desechos biológicos de los astronautas acumulados durante el viaje y hasta el aterrizaje. Lanzarlo primero fue indispensable para aligerar peso y poder salir.

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