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Schlichting: "España es un magnífico país. ¿Por qué se quejan ustedes?"

La directora de 'Fin de Semana' analiza la actualidad

Cristina López Schlichting

Cristina López Schlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 12:10

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Hemos esperado este momento durante el año entero. Cuando las hojas amarillearon en noviembre y el viento comenzó a silbar silencioso, pensamos con nostalgia en las cervezas del verano. Después vino el frío cerrado y la toalla limpia en la playa nos parecía un sueño del paraíso. En la primavera empezó un anhelo más cercano y ahora ya está aquí, el verano, esa cosa tan redonda en España, con sus noches largas de chiringuito, llenas de amigos. Con sus mares hermosísimos y sus paisajes de ensueño, ya está aquí. Si algo sabe el hombre, es esperar. Estamos hechos así. La esperanza, dice el refrán, es lo último que se pierde.

Se nos va a ir el verano entre los dedos, rápido, rápido, y pondremos el taxímetro en marcha es septiembre y esperaremos de nuevo el verano del 2020. ¿Por qué? ¿Qué hay en nuestra naturaleza? ¿Para qué alto destino nos imaginamos estar hechos, como para esperar una y otra vez, incansablemente, siempre de nuevo?

Podría una decir que no le demos tanta importancia a las vacaciones. Que convendría incorporar los buenos hábitos estivales a la vida cotidiana: reservar un rato diario para pasear con la pareja, que nos une tanto. O guardarnos un espacio para nosotros mismos, para cuidarnos. O tener siempre presentes a los amigos, no arrinconarlos al veraneo. Pero sería injusto. Pasaría por alto este empeño nuestro en imaginar siempre un plus ultra, escarbar en el futuro, desear algo mejor, amigable, cálido, reconfortante, humano en definitiva.

Tenemos en los periódicos dos noticias cansinas. Una, que España sigue intentando tener Gobierno, que no nos ha ocurrido nunca desde la Transición. La otra, que suenan aires de guerra en el estrecho de Ormuz. Cuando pensábamos superada la guerra fría, ya está aquí de nuevo la rivalidad entre Rusia -de nuevo fuerte- y los Estados Unidos. Y cada uno tiene su favorito (Trump a los saudíes, Putin a los iraníes). Y ahora Irán, que necesita un enemigo exterior para distraer a su pueblo, que tiene ansias de cambio y quiere un país más abierto, sin velos obligatorios, ha capturado un petrolero británico y ha elevado la tensión. No sabemos hasta dónde están dispuestos. Desconocemos también hasta dónde quisieran llegar los Estados Unidos y Rusia.

Pero las dos cosas, la batalla política en España y la guerra fría en el mundo, son como capítulos reeditados de una serie vieja. Por eso todos, empezando por los más viejos, se ponen un tinto de verano, hacen un gesto de broma y deciden mirar al mar, o a la montaña. Podríamos considerarlo frivolidad, pero quizá hay algo más. Una vieja sabiduría. Un saber que ni todos los avatares del mundo pueden con el deseo de algo mejor. Con nuestra profunda esperanza de que la felicidad se haga presente, se encarne, se ponga al alcance de los dedos, tal vez vestida de playa y de sal, de arena dorada.

Ayer os proponíamos mirar lo de Podemos y el PSOE desde el espacio exterior. La tierra, preciosa, desde el Apolo 11. Como una perla flotando en mitad del universo. Qué distinto se ve todo así. Cómo adquiere su verdadera dimensión. Que no puede limitar el amor de los que nos quieren, la lucha hermosa por sacar adelante los hijos, la batalla por dar sentido a la propia vida.

Y hoy os planteo alejarnos de las noticias, no espacialmente, sino temporalmente, un experimento, esta vez histórico. El juego lo ha hecho posible un señor de Panamá, fijaos. Un tipo llamado Héctor Cohen-Henríquez que ha grabado un vídeo que se ha hecho viral en internet y que os recomiendo. Este señor es embajador de Panamá en nuestro país.

Si don Milton Cohen-Henríquez, en lugar de ser un panameño de ojos azules, hubiese sido un morenazo andaluz, o un gallego trigueño o un catalán de Lérida -un suponer- no habría podido decir en una grabación que España es un magnífico país, con una Historia grande, que ha de sentirse muy orgulloso de sus aportaciones culturales, políticas, artísticas o religiosas al mundo.

En apenas unos minutos de película -que repito, se ha hecho viral en internet- este señor compendia la falsedad de la leyenda negra, la importancia del Descubrimiento de América, el peso del Derecho de Gentes, inventado en el Renacimiento en la Universidad de Salamanca, la belleza de nuestros grandes maestros -de Velazquez a Picasso- y nuestras aportaciones a la Ciencia. Recuerda que el español es la segunda lengua más hablada en el mundo y que nuestro Quijote es el segundo libro más traducido del orbe después de la Biblia. Desvela que merece la pena estar orgulloso de nuestro pueblo, y termina con una pregunta: “¿Por qué se quejan ustedes?”.

Como don Milton no es español nadie le ha contestado: “Seguro que eres rico y por eso no te quejas” o “Algo habrás robado”.

Y, como con los buenos libros o los buenos espectáculos, se ha corrido la voz y miles y miles y de personas se han bajado su breve discurso de internet, y se han alegrado. Gracias al embajador de Panamá por permitirnos esta perspectiva. Ver la tierra desde el cielo, o el presente desde la verdad de la Historia alivia mucho de las preocupaciones políticas. Confirma que merece la pena vivir y esperar. Que el cinismo y el desaliento no son el método. Que recibir con alegría las vacaciones, aunque luego pasen, es expresión de que la tierra y la vida y la historia merecen la pena y que nuestra esperanza tiene razón de ser.

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