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Cristina L. Schlichting: "Tomás Gimeno ha hecho peor el mundo"

Ya puedes escuchar el monólogo de este sábado de Cristina López Schlichting en 'Fin de Semana'

Cristina López Schlichting

Cristina López Schlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 16:06

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¡Muy buenos días España! Es 12 de junio, asombroso, esta semana empieza el verano. Mañana de sábado soleada, aunque por la tarde reaparecerán las tormentas, algunas con granizo. Hay una DANA al oeste de la península, que traerá inestabilidad incluso al comienzo de la semana.

Ojalá, ojalá pudiésemos pensar que Tomás Gimeno, el padre que ha asesinado a sus hijas, estaba loco. Ojalá una enfermedad hubiese nublado su cerebro y su corazón, porque podríamos evitar la gran pregunta. La pregunta sobre el misterio del mal.

Gimeno podía haber matado a Beatriz pero para una madre hay algo peor, el asesinato caprichoso de sus hijos

Un padre, un padre que mata a sus vástagos sin piedad, a sangre fría. Tomás Gimeno reflexionó cómo hacer el mayor daño posible a su ex mujer Beatriz. Como destruirla para siempre, como aniquilarla. Podía haberla matado, pero para una madre hay algo peor. El asesinato caprichoso de sus hijos. Un luto ciego y perenne, una nostalgia de pro vida.

Tomás no soportaba haber perdido a Beatriz, era un cobarde. Ni soportaba que fuese feliz con otro, era un egoísta. Y planificó dejarla herida para siempre, no sólo matando a sus propias hijas, las niñitas Olivia y Ana, sino escondiéndolas en lo más profundo del mar, para que Beatriz no descansase nunca, para que las buscase de por vida, para que muriese sin saber qué había sido del fruto de su vientre. Quería que su crueldad, si no eternamente, causase un dolor indeleble de por vida. Todo el que podía. Quería ser el dios del mal.

Tomás Gimeno quería que su crueldad, si no eternamente, causase un dolor indeleble de por vida

La ira y la venganza, el odio, parecen ofrecer un consuelo. El mal siempre oferta un horizonte de alivio. Cuando matas pareces ejercer el poder, como pensó Ana Julia con el niño de Almería, el Pescadito. Proporciona el aparente alivio de la venganza, como planeó Bretón con sus niños asesinados. Da salida a la ira cuando humillas a los demás. Parece compensarte cuando robas o eres injusto. Luego llega un silencio negro, un vacío espantoso, la nada. Luego llega el mal a cobrarse lo suyo.

Ojalá hubiese sido una enfermedad. Ojalá hubiese sido machismo. Qué simpleza, por Dios.

No, es el mal. El mismo que mató en los campos de Alemania y Polonia a seis millones de personas. El que en Camboya hizo construir paredes con los cráneos del enemigo. El que llevó a 50 millones de personas al exterminio soviético.

Tomás Gimeno en su libertad ha elegido la crueldad, la mentira, la venganza, la muerte. El vacío.

Tomás Gimeno, con absoluta frialdad, planificando todo, ha elegido deliberadamente lo peor y no sólo ha matado a sus niñitas y rasgado el corazón de su madre y los abuelos y todos los que las amaban, es que ha destruido su vida.

En su libertad, ha elegido la crueldad, la mentira, la venganza, la muerte. El vacío.

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Ha hecho peor el mundo.

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