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La gallega de 26 años que vivió sin móvil: “Tengo buena memoria, una agenda física y escribo cartas a mano”

Cruz García decidió poner fin a su uso del terminal. Hoy, con 39, cuenta en Fin de Semana con Cristina su experiencia y relata cómo 'sobrevivió' a situaciones complicadas

Tiempo de lectura: 4Actualizado 12:42

Hay entre nosotros algunas personas que se comunican de forma diferente, por ejemplo tienen mejor caligrafía que la mayoría porque escriben cartas a mano. Sí, todavía hay quien lo hace. Y seguro que estas personas echarán mucho de menos las cabinas telefónicas porque, aunque no lo imagines, hay gente que las ha utilizado hasta hace poco. Este grupo de gente tiene una memoria de elefante y, además, manejan como nadie el correo electrónico.

Más de la mitad de la población de nuestro país tiene un ‘smartphone’ con el cual no solo se comunican sino que hacen numerosas gestiones: cuentas bancarias, citas médicas, pago de multas y un largo etc.

Y entre todas esas personas hay un grupo de ‘rara avis’ que ha optado por dejar a un lado la pantalla. Cruz García decidió hacerlo hace 13 años. Entonces tenía 26. Decidió terminar el contrato que tenía con su compañía móvil y apagar para siempre su Sony Ericcson Rosa. Esta palentina, afincada en A Coruña, tiene ahora 39 años y también un iPhone y que cuenta en Fin de Semana con Cristina su experiencia: “Me parece sorprendente llamar la atención por haber estado sin móvil. La decisión fue algo muy natural: cuando me mudé a Madrid para estudiar los móviles ya eran bastante accesibles y yo no quería tener uno conmigo, así que me fui allí sin teléfono y tiré muchos meses de cabinas, pero llegó un momento en que me chupaban tanto dinero, tan agotador, que dije ‘venga, tengo un móvil’, así que me compré uno, lo tuve cinco años pero vi que no me encajaba, al final siempre vi que me comunicaba mejor desde casa, no me gusta hablar por la calle, así que me di cuenta de que no lo necesitaba, incluso muchas veces lo dejaba en casa, incluso el móvil ejercía la función de fijo, así que era el mejor momento para decir ‘ciao’”.

Cruz, por ello, asegura que, para que la gente la localizara, “ayudó bastante que soy muy puntual y organizada, eso dio confort a la gente que me buscaba porque sabían cómo localizarme. Al final incluso me parece absurdo decirme ‘y si te sucede algo, ¿qué?’, porque al final siempre estás cerca de gente que puede comunicarse con su móvil, y si estás en medio de la nada pues te comen los lobos, pero no creo que fuera una situación tan crítica del peligro, creo que es bastante natural y sencillo”.

Hay situaciones en las que pasa algo y uno piensa “vaya, pues podría haber tenido uno para comunicarme”, pero aun así Cruz reconoce que casi nunca le ha pasado: “Han sido muy pocas veces, al final era todo como una pequeña aventura. Quizás en alguna situación, pero nada más. Es verdad que ahora vuelvo a tener teléfono, pero solo para comunicarme con mis amigos y para mi profesión, no soy capaz de leer en un móvil”.

Entonces llegamos al momento en que alguien le pedía a Cruz su contacto, y ella daba… el correo electrónico “porque, aparte, mi teléfono fijo de casa no tenía ni registro de llamadas ni aparecía en pantalla quién llamaba, entonces desarrollé códigos de morse con mis amigos para saber cuándo me llamaban. Para mí lo más cómodo siempre ha sido el correo electrónico que se quedara registrado que alguien quería contactarme. Pero las luchas más arduas han sido con las compañías de teléfono, que cuando me llamaban no se creían que no tuviera móvil”.

El teléfono, desde luego, es una gigantesca agenda para apuntar números, pero claro, Cruz no tenía esa herramienta, así que se las apañaba a la antigua usanza: “Sabía un montón de teléfonos y el mío jamás, incluso ahora llevo en la parte atrás del terminal mi número porque no me lo sé, y en el último igual porque no me lo aprendí. Mi número, jamás, pero de mis amigos me sé muchísimos. En todo caso aparte tenía una agenda”.

Cruz también comenta cómo hacía cuando tenía que decir algo pero no había cabinas cerca: “Han sido pocas situaciones pero cuando ha pasado uno casi siempre tiene cerca una cafetería, un bar o un restaurante, puedes entrar o preguntar. Y si es muy urgente pedía el teléfono a alguien, jamás he tenido ningún problema, la gente lo acepta y hasta genera buen rollo. Igualmente sigo pidiendo mucha ayuda en la calle, ayer me perdí y no tiro de Google Maps, pregunto a un cartero la dirección. Me siento muy torpe con las aplicaciones, me generan mucho estrés”.

Sobre las gestiones, los bancos, las citas médicas, el pago de multas, ¿cómo se las apaña ella? “No tengo coche así que la multa me la salto (risas), pero siempre he intentado hacerlas de manera presencial, para mí es un desgaste de energía mucho mayor intentar usar la app, es como comprar online, horrible. El móvil lo uso para llamar y hacer fotos y promocionar un poco mi profesión, sin más. Es verdad que solo uso Instagram para dar a conocer mis labor, pero nada más”.

Una imagen muy habitual es la de un grupo de amigos que ha quedado a tomar algo y mientras charlan van mirando el teléfono: “A mí eso no me ha pasado nunca y tengo bases muy establecidas, como que con otra persona no se usa el móvil ni se mira, no respondo a llamadas… intento que no cubra espacios vacíos. Además soy muy calmada, necesito mucho tiempo para pensar y no me gusta el estrés”.

Por último Cruz da motivos para estar sin móvil un tiempo: “Puedes encontrarte a ti mismo, sobre todo saber gestionar tu tiempo. En la situación que hemos vivido últimamente, la capacidad de gestionar tus gustos y a ti mismo sin necesidad de móvil es muy útil. También es esencial reducir los grupos de WhatsApp y desconectar del móvil un día a la semana”.


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