ESCUELA DE VIDA: el nido lleno

La crisis de los alquileres obliga a los hijos adultos a volver al hogar familiar: "la gente no vuelve por gusto a casa de los padres, sino por necesidad”

La crisis económica y la inestabilidad en las parejas provocan que cada vez más jóvenes regresen al hogar familiar, desatando una convivencia no exenta de tensiones

Shot of a mature man and his elderly father having coffee and a chat at hom
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El nido lleno: cuando los hijos adultos aún no se emancipan y la casa sigue llena de vida y desafíos

Beatriz Pérez Otín

Publicado el - Actualizado

3 min lectura19:14 min escucha

Frente al conocido síndrome del nido vacío, que describe la soledad de los padres cuando los hijos se van de casa, emerge un fenómeno social y emocional cada vez más presente: el síndrome del nido lleno. Este término define la situación en que los hijos adultos no se emancipan o, tras haberlo hecho, regresan al hogar familiar. Este ha sido el tema central de análisis en el programa 'Fin de Semana' de COPE, donde la presentadora Cristina López Schlichting ha debatido sobre sus causas y consecuencias junto a la doctora Carmen Candela, el psicólogo Pedro Martínez y Ingerborg Schlichting.

Causas económicas y afectivas

Una de las principales razones de este retorno es la dificultad económica. La colaboradora Ingerborg Schlichting ha señalado que “la gente no vuelve por gusto a casa de los padres, sino muchas veces por necesidad”. Según Schlichting, una separación o divorcio dispara los gastos al tener que mantener dos viviendas, algo insostenible por el elevado precio de los alquileres en España, una situación agravada por la falta de viviendas sociales.

A la precariedad económica se suma la inestabilidad de los vínculos amorosos, como ha apuntado el psicólogo Pedro Martínez. Esta idea es compartida por el también psicólogo Fernando Pérez del Río, citado durante la tertulia, quien afirma que “la inseguridad en el vínculo es altísima”. Según Martínez, muchos jóvenes no se atreven a dar el paso de la convivencia por una percepción de falta de compromiso o por no fiarse de sus parejas, lo que retrasa o impide su emancipación definitiva.

Un choque de rutinas y expectativas

El regreso de un hijo adulto genera un “clima bastante tenso”, según ha explicado Pedro Martínez. Los padres, que ya habían recuperado su espacio y sus propias rutinas, se encuentran de repente con un adulto que desea mantener su autonomía e independencia. Esta situación genera roces, ya que, como ha apuntado la doctora Carmen Candela, a los padres les “brota decirle: hijo, llega muy tarde”, y el hijo “tiene que acabar hasta las narices de los padres”, lo que puede ser más complicado para ellos que para los progenitores.

El hijo o hija regresa cabizbajo, y los padres que tienen sus propias rutinas deberán asumir una nueva realidad que no han escogido"

La situación se complica todavía más para la conocida como generación sándwich. Como ha expuesto Ingerborg Schlichting, muchos padres de unos 60 años no solo acogen a sus hijos, sino que también tienen a su cargo a sus propios padres ancianos, lo que multiplica las obligaciones. El psicólogo Fernando Pérez del Río describe el panorama en una declaración recogida en el programa: “El hijo o hija regresa cabizbajo, y los padres que tienen sus propias rutinas deberán asumir una nueva realidad que no han escogido”, generando sentimientos encontrados.

Claves para gestionar la convivencia

Ante este escenario, el psicólogo Pedro Martínez ha sido claro: las herramientas fundamentales son la “comunicación” y el establecimiento de “límites”. La propia Cristina López Schlichting ha compartido ejemplos personales de las dificultades que surgen incluso en visitas temporales, como las navidades, donde reaparecen “peleas tradicionales entre hermanos” o surgen conflictos por “las formas de educar a los hijos”, demostrando la complejidad del nido lleno.

La doctora Carmen Candela ha recordado que, aunque sea pasajero, el regreso al hogar da una idea de la dificultad que se afronta. Sin embargo, los expertos coinciden en que el roce es inevitable y, en cierto modo, necesario, ya que estas situaciones también “ayudan a resignificar los vínculos” familiares.

El conflicto es parte de la vida familiar"

Finalmente, Pedro Martínez ha insistido en una idea clave para desdramatizar la situación, recordando a los oyentes que “el conflicto es parte de la vida familiar”. Según el psicólogo, si no existe roce, no hay verdadera vida familiar, por lo que estas tensiones son, en última instancia, una señal de que los lazos siguen vivos. La paciencia y la comunicación, concluyen, son las claves para afrontar esta nueva etapa.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

Visto en ABC

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