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En 'El Espejo'

P. Sergio Sánchez, O. A. R., sobre Mariano Gazpio: "Para ser santo hay que tener carácter fuerte"

El prior de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de la Orden de Agustinos Recoletos ha repasado la figura del religioso navarro, al que el Papa ha declarado venerable

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:38

Hoy hablamos de un religioso que fue pionero en la misión de su Orden en China, y que ha dejado una profunda huella entre sus hermanos. El P. Mariano Gazpio, agustino recoleto, vivió entre los años 1899 y 1989, y la gente al cruzarse con él decía: “ahí va un santo vivo”. Por el momento, la Iglesia ha reconocido ya que vivió la fe, la esperanza y la caridad en grado heroico.

Para repasar su historia, lo que supone una figura como la suya para la Orden de Agustinos Recoletos y conocer un poco más a fondo su espiritualidad, en ‘El Espejo’ hemos hablado con el P. Sergio Sánchez, O. A. R., prior de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, provincia a la que pertenecía el P. Gazpio. El P. Sánchez comienza recordando que es una figura casi contemporánea nuestra. De hecho, él fue discípulo del religioso navarro: “Yo estuve en Marcilla, donde vivió los últimos años, entre 1983 y 1988. Era de los que frecuentaba su habitación para enriquecerme de su vida espiritual. Ya tenía vida de un fraile santo”.

En el primer cuarto del siglo XX, muy joven, es ordenado en Manila en Filipinas. Gazpio forma parte de la primera expedición de los agustinos recoletos a China, en la estela de lo que pedía el Papa Benedicto XV en su encíclica Maximum Illud: “Los agustinos recoletos llegamos a última hora a ese deseo de evangelizar en Asia, aunque llevábamos cuatro siglos asentados en Filipinas. Fuimos a la región más despoblada, más empobrecida”.

“Cuando hablamos de la China de los años 20, 30, 40… hablamos de un país deprimido económicamente. Era una situación de misión viva, pobre… Podemos imaginarlo: sin hablar la lengua, sin un ambiente católico, sin una iglesia… Aquello era picar piedra desde cero”, explica el P. Sánchez.

La misión que establecieron el P. Gazpio y sus compañeros, sin embargo, fue muy fecunda, con muchas obras de asistencia, educativas… y con un vigor apostólico grande. “El primer grupo no llegaba a los 30 años. Eran aldeas pequeñísimas, rurales. Cuando se llevó el Evangelio, se lleva la Palabra. Pero cuando la gente tiene hambre, uno se pregunta también cómo darles de comer. Una vez que aprendió el idioma, primero con traductores y después, solo, tenía un lema: ‘orar y predicar’. Era el lema de sus primeros años”, señala el agustino recoleto.

Posteriormente, ante la necesidad, fundaron lo que podíamos llamar ‘ciudades de niños’ o ‘ciudades de niñas’, albergues para darles educación, alimentarles y velar por su salud. Y tenemos esas imágenes elocuentes de una cantidad inmensa de niños y la necesidad de buscar más ayuda, primero con un nuevo grupo de misioneros españoles y, después, con la fundación de las Agustinas Recoletas Misioneras, expresamente para ser misioneras en China. Si hay niños y niñas, las que mejor conocen ese lenguaje son las hermanas”, expresa el P. Sánchez.

Esta fecundidad concluye en la década de los 50, cuando el régimen maoísta chino comienza una persecución que da lugar a la detención de religiosos y a la expulsión de los misioneros extranjeros. “Él volvió con el corazón satisfecho. Fueron 28 años de fecundidad, de entrega… Y la visión, la imagen que se tenía de él, su autoridad moral… Nada más llegar a España, se le encarga uno de los oficios más delicados que tenemos: formar a otros misioneros”, explica el agustino recoleto.

“Nuestra Orden es misionera. Entonces alguien que había saboreado en primera persona, esa experiencia y la necesidad que se tenía… Pues maestro de novicios. Esa era la confianza de decir ‘queremos que nuestros religiosos jóvenes beban del testimonio, del magisterio, de la sabiduría de alguien que ha vivido en primera persona lo que es la misión.”, señala fray Sergio.

Fray Mariano vivió los últimos 25 años como director espiritual: “Los que han sido sus novicios o hemos sido dirigidos por él hemos visto en el padre Mariano alguien que vivía la interioridad, alimentada con la lectura de la Palabra del Señor. Todos hemos conocido esa Biblia Nácar-Colunga desgastada de las hojas, de tanto que la repasaba. Muchos decían ‘se la sabe de memoria’, no por su capacidad de retención, sino por haberla vivido, por haberla rumiado”, explica el religioso.

“Era un santo viviente también en el convento. Nos dábamos cuenta de la otra faceta del agustino recoleto, su capacidad de vivir en comunidad, la fraternidad, la delicadeza… Era de carácter fuerte. Para ser santo hay que tener carácter fuerte. Esto es para emprendedores, conquistadores, líderes… y para ser santos. Esa capacidad de dominio de sus impulsos… la delicadeza, hablar siempre bien de los hermanos, la servicialidad, pendiente de las cosas comunes…Esa es la otra faceta del agustino recoleto”, apunta fray Sergio.

Las comunidades de agustinos recoletos han recibido la noticia con mucha alegría: “Tenemos una gran tarea de conocer y empezar a hilar más fino. En primer lugar, con agradecimiento y alegría desde que se inició este proceso. Había muchos que deseaban ofrecer sus testimonios”, explica el fraile recoleto. Fray Sergio también concluye recordando que “el padre Mariano nos acerca a la interioridad a la vida fraterna en comunidad y la alegría es la confirmación de que el estilo de vida que él llevo y seguimos llevando es un camino de santificación”.

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