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Seis jóvenes jesuitas de seis países diferentes se ordenan diáconos

Son tres españoles, un ruandés, dos indios, un italiano, dos portugueses y un maltés. Te cuentan su "sí" a Dios en este vídeo

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 Seis jóvenes jesuitas de seis países diferentes se ordenan diáconos 

José Luis Restán
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Director Editorial COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:00

Son tres españoles, un ruandés, dos indios, un italiano, dos portugueses y un maltés, con edades comprendidas entre 30 y 38 años. La mayoría entraron en la Compañía de Jesús al terminar sus carreras universitarias, en ámbitos tan diversos como las Ciencias ambientales, Derecho, Farmacia, Arquitectura, Matemáticas, Física o Bellas Artes. Varios fueron alumnos de colegios jesuitas, para otros fueron la transmisión de la fe de sus familias y la vinculación a una parroquia la clave para encontrar su vocación.

Giusseppe Amalfa, italiano, entró en contacto con la Compañía en la universidad, de la mano de un profesor de arquitectura que, ante el asombro de los alumnos, comenzó a hablar de la oración en clase como marco donde situaba su pedagogía: y la oración de la que hablaba era el método ignaciano de los ejercicios.

Alguno dejó de creer en su adolescencia, como el portugués Nelson Faria quien relata como en esa época se dedicó “a la vida bohemia y a la política". Fue su compromiso político y el gusto por la lectura, lo que le llevó a descubrir a Benedicto XVI, lo que le abrió de nuevo la puerta de la fe. Otra historia es la del madrileño Ángel Benítez-Donoso, que fue alumno del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo y estudió Farmacia en la Universidad Complutense. Se vinculó a una comunidad jesuita e hizo el noviciado de San Sebastián. Fruto de su inquietud por el diálogo interreligioso y las relaciones con el Islam, fue enviado al Líbano, donde dirigió una escuela.

A pocas horas de su ordenación como diáconos, que tendrá lugar el sábado en la parroquia San Francisco Javier y San Luis Gonzaga, en el barrio madrileño de La Ventilla, varios de ellos han grabado un vídeo-testimonio de cómo viven este paso hacia el sacerdocio. Lo consideran como un regalo, un paso que impresiona y supone una gran responsabilidad... También sienten vértigo, pero tienen claro que son un instrumento de la historia de amor de Dios con el mundo. 

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