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En 'Herrera en COPE'

"La farmacéutica de Olot se derrumbó cuando supo que se había abandonado su búsqueda"

El forense Narcís Bardalet recuerda cómo sucedió aquel trágico episodio cuando se cumplen 25 años del secuestro

Imagen de archivo de la plaza mayor de Olot

Ya son 25 años los que han pasado desde que, el 20 de noviembre de 1992, la farmacéutica Maria Àngels Feliu, hija de un industrial de Olot y madre de tres hijos, fuera secuestrada para pasar 492 días en un zulo inmundo, pequeño y húmedo hasta su liberación en una gasolinera de Lliçà de Vall (Barcelona).

“Me llamó el fiscal jefe a las cinco de la madrugada para informarme de que había sido liberada y para ordenarme que la reconociera”, ha recordado el forense Narcís Bardalet en 'Herrera en COPE'. “Imagínese como está una mujer después de 492 días sin ducharse, sin cortarse el pelo y sin haber visto el sol”, relata a COPE.

"La aterrorizaba no saber en plena oscuridad  el animal que corría por su piel”

Narcís Bardalet ha explicado además que Maria Àngels, que entonces tenía 35 años, sufría atrofia muscular y lesiones de rascado por las picaduras de insectos que había en el zulo. “La aterrorizaba no saber en plena oscuridad el animal que corría por su piel”, ha contado.

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Advierte Bardalet que rascando un poco en la alegría que Feliu mostró tras ser liberada, se encontraron con problemas psicológicos "importante"s como terror, pánico a los insectos y a la oscuridad o hipervigilancia.

"Lloró amargamente cuando escuchó en la radio del zulo que se habían abandonado su búsqueda”

Ademas, ha añadido el forense “tenía 'síndrome de Estocolmo'. Bardalet circunscribe ese 'aprecio', a Iñaki, el camarero que cuidaba de Feliu y la persona que la devolvió a la vida en aquella gasolinera de Lliçà de Vall. Sebastián Comas, era el encargado de llevarle la comida y quien finalmente la liberó y por tanto "ella pensaba que de alguna forma su vida dependía de él". Precisamente en el juicio, Feliu tuvo para él las mejores palabras. 'Iñaki', quedó en libertad después de cumplir una pena inicial de diecisiete años de cárcel que quedó reducida a ocho, incluidos los dos de prisión preventiva. Le benefició haber sido la persona que liberó a la farmacéutica.

Bardalet ha destacado la “gran capacidad de superación, la inteligencia y los poderosos valores” que ayudaron a Maria Àngels Feliu a soportar las duras condiciones de su secuestro. Asegura que solo se derrumbó una vez “lloró amargamente cuando escuchó en la radio que se había abandonado su búsqueda”.

"Maria Àngels sigue trabajando pero hay miedos que no tiene superados"

El juicio tuvo que esperar una década desde el secuestro y, en él, Feliu relató como la asaltaron con arma de fuego en el aparcamiento de su vivienda y la subieron a un vehículo.

Los primeros encarcelados fueron dos hombres, Joan Casals y Francesc Bassa, delatados por Francisco Evangelista, una persona que alcanzó gracias a ello una cierta cuota mediática.

Sin embargo, Maria Àngels Feliu negó una vez liberada que Casals y Bassa fuesen quienes la habían mantenido encerrada durante dieciséis meses e, incluso, llegó a querellarse contra Evangelista.

El fin del secuestro se había producido el 27 de marzo de 1994 y, hasta cinco años después, la investigación no volvió a señalar culpables, en este caso con el punto de mira puesto en la Policía Local de Olot. Un agente, Antoni Guirado, se entregó, confesó los hechos y señaló como colaboradores suyos a un agente rural, Ramon Ullastre, y a su mujer, Montserrat Teixidor, así como a una tercera persona, José Luis Paz, que contaba con antecedentes por diversos delitos.

Las condenas fueron de veintidós años para Ramon Ullastre, cabecilla de la banda, y Antonio Guirado; de dieciocho para la mujer del primero, Montserrat Teixidor; y de catorce para José Luis Paz.

Su  familia estuvo dispuesta a pagar el rescate, según relató uno de sus hermanos durante el juicio, quien cifró el montante exigido en entre 12.000 y 600.000 euros, aunque todos los intentos resultaron infructuosos.

En la actulidad Feliu "sigue trabajando pero hay miedos que no tiene superados, como es lógico", ha concluido Bardalet.

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