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SUCESOS ROBOS (Crónica)

El veterano joyero que desvalijaba a sus compañeros

Laura Camacho.

  • Agencia EFE

Laura Camacho.

Sesenta y dos años, representante de joyería de toda la vida y en los últimos seis meses el cerebro de una banda de diez atracadores. Todos con antecedentes menos él, que, acuciado por las deudas, lo tuvo claro para solventar sus problemas: robar a sus propios compañeros de gremio.

Porque de ellos lo sabía casi todo, desde los artículos que llevaban en sus muestrarios hasta las medidas de seguridad de las joyerías o los horarios de apertura de sus cajas fuertes, por lo que los palos de la banda fueron certeros hasta que el Grupo de Delincuencia Organizada de la UCO de la Guardia Civil les ha ido deteniendo en las últimas semanas.

Fue en octubre cuando el nombre de este sexagenario, explica a Efe el capitán de la UCO Luis Rodríguez, aparece en las pesquisas de los investigadores tras un violento atraco a dos representantes de joyas en La Bañeza (León).

Sucede en una gasolinera. Varios miembros de la banda les arrebatan de forma muy violenta y armados la selección que llevan de joyas valorada en 800.000 euros.

Enseguida los agentes tienen "una línea de la que tirar", que les conduce a grupos conocidos de atracadores asentados en los barrios madrileños de Orcasitas y Vallecas, con amplios historiales delictivos.

Poco después, confirman la conexión de estos con el sexagenario joyero, que reside no muy lejos de algunos de ellos en la capital y acaba planteándoles el "negocio", hasta el punto de que él tiene el papel protagonista, porque es el encargado de planificar los golpes y seleccionar los objetivos.

El joyero continúa su rutina habitual de moverse por las provincias y enseñar a sus clientes su material. En esa labor "cotidiana" de visitar a compañeros del sector y con la confianza que tiene con ellos, obtiene todo tipo de información que de otra forma no facilitaría ningún joyero.

Conoce, por ejemplo, si un representante es "fuerte", es decir, si sus muestrarios de joyas son de elevado valor, las medidas de seguridad de un establecimiento, los empleados que trabajan, dónde tienen las cajas fuertes, de qué tipo son o a qué hora las abre o cierra el propietario y qué tipo de joyas o cantidad de dinero introduce en las cámaras acorazadas.

Una información muy valiosa que le erige como cabecilla de un entramado de violentos atracadores divididos en dos células: una, la que asalta a los representantes.

Y otra, la que perpetra los robos en joyerías, como el intento en Canteli, la joyería del barrio gijonés de Pumarín en marzo y en el que fueron detenidos seis de ellos, también responsables de otro asalto en una empresa de hostelería de Alcorcón (Madrid) ese mismo mes.

Los otros cinco fueron arrestados en Madrid, entre ellos este joyero que se quedaba siempre al margen de los atracos, aunque alguno de ellos fue presenciado por él de forma discreta para evitar ser descubierto por sus propios compañeros.

Quien le descubrió fue finalmente la Guardia Civil, a la que con asombro, como casi todos los delincuentes, dijo al ser detenido: "Esto debe ser un error".

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