Carlos Alcaraz vence de forma épica a Zverev y estará en su primera final de Australia
El número uno del mundo resiste calambres, vómitos y cinco horas y media de batalla para derrotar a Zverev en una semifinal histórica resuelta en el quinto set
Murcia - Publicado el - Actualizado
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De pronto resucitó Carlos Alcaraz. Cuando el partido parecía escapársele entre calambres, vómitos y un cuerpo al límite, el número uno del mundo se aferró a la pista Rod Laver Arena para firmar una de las victorias más épicas de su todavía joven carrera. El murciano derrotó al alemán Alexander Zverev por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5 tras cinco horas y veintiséis minutos de una semifinal inolvidable que le abre las puertas de su primera final del Abierto de Australia.
Alcaraz sobrevivió a una montaña rusa física y emocional, pasó de tener el partido ganado a verse sometido por su propio cuerpo y acabó abrazado al suelo, cubriéndose el rostro con las manos, antes de fundirse en un abrazo con un Zverev exhausto y abatido.
Dos sets de superioridad absoluta
Todo parecía bajo control para el español de 22 años. Dominó con autoridad el primer set y mostró madurez y temple en el segundo, cuando levantó un 5-2 adverso para imponerse en el desempate. Zverev estaba contra las cuerdas, resignado, sin soluciones aparentes ante el tenis poderoso y creativo del número uno del mundo.
Las alarmas se encienden: vómitos y calambres
Alcaraz estuvo incluso a dos puntos de cerrar el partido en tres sets, con 6-4, 7-6(5), 5-4 y 30-30. La final estaba al alcance de la mano.
Fue entonces cuando todo cambió. En pleno intercambio, Alcaraz se acercó a su box y lanzó una frase que heló el ambiente:
“He vomitado un poco ahí, no sé si tengo que tomar algo; estoy tieso.”
El desplome físico fue inmediato. El murciano empezó a arrastrar los pies, a estirar las piernas entre puntos, a cojear. Los calambres se apoderaron de su cuerpo pese a dos asistencias del fisioterapeuta para tratar el muslo derecho.
“Tengo calambres hasta el dedo meñique, hasta el último pelo de la cabeza”, confesaba a su equipo mientras Samu López trataba de tranquilizarle: “Estarás bien en un ratito”.
Zverev vio el cielo abierto. El alemán, entero físicamente, no desaprovechó la oportunidad y ganó el desempate del tercer set. El partido superaba ya las tres horas y, por primera vez en todo el torneo, Alcaraz cedía un parcial.
Zverev toma el mando
El cuarto set fue una prueba de resistencia. Alcaraz se mantenía en pie a la espera de una reacción física que tardaba en llegar. Zverev, sostenido por su gran saque y sin fisuras corporales, volvió a imponerse en el desempate y llevó el duelo al quinto set.
El panorama era angustioso. La final, que el español había tenido en la mano, se alejaba. El alemán, tercero del mundo, se veía a un paso de convertirse en el tercer jugador de su país en alcanzar la final en Melbourne.
El set del milagro
El parcial definitivo arrancó mal para Alcaraz, que perdió su servicio de entrada con una doble falta. Zverev llegó a sacar para ganar con 5-4, la misma situación que el murciano había desperdiciado antes. Pero entonces ocurrió lo impensable.
Alcaraz volvió a correr, volvió a creer. Emergió desde el límite físico y mental para romper el saque del alemán, darle la vuelta al marcador y cerrar el partido con un 7-5 que desató la locura en Melbourne.
Nunca nadie había remontado dos sets al número uno del mundo en un Grand Slam. Alcaraz lo hizo cuando nadie lo esperaba.

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Una leyenda precoz que sigue creciendo
El español celebró la victoria tirándose al suelo, consciente de haber sobrevivido a una batalla extrema. El domingo disputará la final ante el ganador del duelo entre Novak Djokovic y Jannik Sinner, tras una actuación que agranda su leyenda y confirma su capacidad para ganar incluso cuando el cuerpo dice basta.




